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Clínica: Las manifestaciones clínicas son inespecíficas y comprometen fundamentalmente

el área cardiovascular: Disminución del gasto cardíaco, arritmias, hipotensión por baja

resistencia vascular periférica, hipertensión pulmonar, resistencia a catecolaminas, compromi-

so de conciencia, aumento de la afinidad del oxígeno por la hemoglobina, aumento del calcio

iónico, hiperkalemia, etc.

La relación pH-potasio es bastante compleja. En las AM agudas, más del 60% de la carga

ácida se tampona dentro de la célula, hay entrada de protones a la célula y para mantener la

electroneutralidad es necesario que salgan cargas positivas hacia el LEC, fundamentalmente Na

y K. La proporción de salida de K es variable, entre 0,2 y 1,7 mEq por cada 0,1 que disminuye el

pH, con un promedio (convencional) de 0,6 mEq por cada 0,1 que baja el pH. Sin embargo en las

AM orgánicas (láctica, cetoacidosis) el anión entra a la célula acompañando al protón, de modo

que no es necesario la salida de la misma proporción de K, estimándose que en este tipo de

acidosis por cada 0,1 que desciende el pH, el K aumenta en el LEC entre 0,1 y 0,2 mEq/l.

Tratamiento: Los principios generales son:

– Tratar la causa.

– Asegurar perfusión tisular periférica adecuada (expandir cuando sea necesario) y oxigenación.

– Considerar uso de bicarbonato de sodio en AM con anión gap normal, con pH menor de 7,2

de acuerdo a situación clínica, tipo de AM y severidad.

– Calcular déficit de bicarbonato: El uso de bicarbonato debe ser calculado sólo para las primeras

6 a 12 horas y luego ir adecuándolo a la gasometría dado la multiplicidad de factores que

intervienen en su recuperación. El aporte inicial puede calcularse con la fórmula.

Déficit HCO

3-

= (12 - HCO

3-

medido) x agua corporal total

donde 12 representa el nivel adecuado de bicarbonato que debe ser alcanzado en las primeras

horas para evitar sobrecorrección.

– Si de acuerdo a la situación clínica se requiere la utilización de bolos de bicarbonato, no administrar

más de 0,5 mEq/kg de bicarbonato y repetir a los 15 minutos si es necesario, a fin de evitar un

cambio brusco de pH que puede provocar complicaciones graves como hipernatremia,

hipokalemia, disminución del Ca iónico, alcalosis de rebote y acidosis intracelular paradojal.

En general, las AM con anión gap aumentado no requieren uso de bicarbonato, salvo el

necesario para elevar el pH a nivel seguro (7,15) en la etapa inicial.

Situaciones especiales:

– Cetoacidosis diabética: Su manejo es aporte de volumen e insulina. Sólo si el pH es menor

a 7,0, las guías de manejo recomiendan uso de bicarbonato.

– Insuficiencia renal crónica y acidosis tubular renal: Mantener bicarbonato plasmático sobre

22 mEq/l.

BIBLIOGRAFÍA

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