The New England Journal of Medicine
Helicobacter pylori: resistencia, erradicación y terapias emergentes con P-CAB
Esta revisión muestra un análisis sobre el cambio de paradigma infeccioso, el valor del tamizaje intrafamiliar, el diagnóstico activo sin serología y el impacto de la erradicación precoz en la prevención del cáncer gástrico.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica a Helicobacter pylori como carcinógeno de clase I, constituyendo el principal factor etiológico del adenocarcinoma gástrico y del linfoma MALT. Desde el punto de vista epidemiológico, un metaanálisis global demostró una reducción en la prevalencia en adultos del 52,6% al 43,9% entre 1980 y 2022. A pesar de esta tendencia descendente, el cáncer gástrico registró en 2022 más de 968.000 casos nuevos y 660.000 muertes a nivel mundial.
En este escenario, el Dr. Hong Li de la Universidad de Sichuan en China, el Dr. Francis Megraud de la Universidad de Burdeos en Francia y el Dr. Barry J. Marshall de la University of Western Australia, Australia, realizaron esta revisión narrativa con el objetivo de sintetizar la evolución patogénica, la carga epidemiológica y las estrategias actuales de diagnóstico y erradicación.
Tras el Consenso Global de Kioto, H. pylori no se considera un hallazgo casual sino una enfermedad infecciosa transmisible. Por ello, todo paciente infectado debe recibir tratamiento de erradicación, independientemente de la presencia de síntomas. A nivel patogénico, la bacteria sobrevive al jugo gástrico mediante la actividad ureásica, flagelos y adhesinas (BabA, SabA, HopQ), evadiendo la inmunidad por modificación del lípido A y secreción de la toxina VacA. La progresión tumoral es impulsada por la oncoproteína CagA, la activación proinflamatoria mediada por ADP-heptosa y la proteasa HtrA (variante S171L), desencadenando la secuencia: gastritis crónica → atrofia → metaplasia intestinal → displasia → adenocarcinoma gástrico. Erradicar antes del desarrollo de la atrofia representa el punto óptimo de prevención primaria, aunque en etapas posteriores sigue ofreciendo un beneficio clínico.
Dado que la transmisión se produce predominantemente en la infancia a nivel intrafamiliar, el tamizaje debe extenderse a los convivientes del paciente. Para confirmar la infección activa se deben emplear la prueba del aliento con urea o la detección de antígenos en heces, descartando la serología por su incapacidad para discriminar entre infección activa y pasada. Asimismo, es obligatorio confirmar la erradicación postratamiento.
Respecto al tratamiento, la terapia triple empírica a ciegas resulta ineficaz por las elevadas tasas de resistencia primaria identificadas en un metaanálisis en la región Asia-Pacífico: metronidazol (61%), levofloxacino (35%), claritromicina (30%), amoxicilina (6%) y tetraciclina (4%). Las opciones de primera línea recomendadas por la guía del American College of Gastroenterology (ACG) son la terapia cuádruple con bismuto y la terapia dual de 14 días con un bloqueador de ácido competitivo de potasio (P-CAB) como vonoprazan (20 mg cada 12 h) y amoxicilina (dosificada por peso: 50 mg/kg/día en 3 o 4 tomas), la cual ofrece una supresión ácida superior. En ensayos clínicos de fase 3 (EVEREST-HP), la terapia triple con el nuevo antimicrobiano rifasutenizol demostró no inferioridad frente a la cuádruple con bismuto (tasa de erradicación= 92% frente a 87,9% en la población con intención de tratar modificada). Además, pruebas genotípicas moleculares muestran alta precisión para detectar resistencia a claritromicina (sensibilidad= 96%) y quinolonas (sensibilidad= 97%).
En prevención secundaria y salud pública, la erradicación masiva en estudios de cohorte poblacionales demostró una reducción de la incidencia de cáncer gástrico del 53%. Asimismo, en pacientes sometidos a resección endoscópica o quirúrgica de cáncer gástrico precoz, la erradicación de la bacteria reduce significativamente la incidencia de un segundo cáncer gástrico metácrono.
En resumen, H. pylori exige ser abordada como una enfermedad infecciosa transmisible que requiere tratamiento sistemático y estudio del núcleo familiar. La creciente resistencia antibiótica desplaza la terapia triple tradicional hacia esquemas cuádruples con bismuto o duales con P-CAB, recomendando verificar siempre la erradicación efectiva mediante pruebas no invasivas para prevenir la progresión carcinogénica y la reincidencia tumoral.
Fuente bibliográfica
Helicobacter pylori Infection — Advances, Challenges, and the Road Ahead
Li H, Megraud F & Marshall BJ
N Engl J Med 2026; 395:1621-33