Eficacia del ejercicio para tratar la depresión
Es moderadamente más efectivo que la no intervención para aliviar los síntomas, sin diferencias significativas frente a terapias psicológicas y farmacológicas, lo que destaca su valor como tratamiento complementario.
La depresión representa una de las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel global, con un impacto significativo en la salud física y la calidad de vida. Si bien los tratamientos farmacológicos, como los antidepresivos, y las terapias psicológicas son pilares fundamentales, un número creciente de pacientes busca enfoques alternativos o complementarios, entre los que el ejercicio físico ha ganado relevancia.
El objetivo de este estudio, liderado por el Dr. Andrew J. Clegg, de la Universidad de Lancashire en el Reino Unido, fue evaluar la efectividad del ejercicio en el tratamiento de la depresión en adultos. Específicamente, se comparó el ejercicio con: 1) la ausencia de intervención, control con lista de espera o placebo, o como adyuvante a un tratamiento establecido; y 2) otras intervenciones activas, como terapias psicológicas, tratamientos farmacológicos o alternativos.
Se realizó una revisión sistemática de ensayos controlados aleatorizados identificados mediante búsquedas exhaustivas en bases de datos como Cochrane Depression, Anxiety and Neurosis Review Group's Controlled Trials Register (CCDANCTR), MEDLINE, Embase, PsycINFO y CENTRAL, abarcando hasta noviembre de 2023. No se aplicaron restricciones de idioma o fecha. Se incluyeron 73 ensayos, con al menos 4.985 adultos (mayores de 18 años) diagnosticados con depresión.
En comparación con la no intervención o el grupo de control, el ejercicio mostró una reducción de los síntomas depresivos, con una diferencia de medias estandarizada (DME) de -0,67 (IC 95%: -0,82 a -0,52). A largo plazo, la DME fue de -0,53 (IC 95%: -1,11 a 0,06). La aceptabilidad del tratamiento fue similar al control, con un riesgo relativo (RR) de 1,00 (IC 95%: 0,98 a 1,02).
Cuando se comparó con la terapia psicológica, la DME después del tratamiento fue de 0,03 (IC 95%: -0,16 a 0,23), sugiriendo poca o ninguna diferencia. Resultados similares se observaron a largo plazo (DME: -0,11; IC 95%: -0,48 a 0,26). La aceptabilidad fue también comparable (RR: 1,06; IC 95%: 0,99 a 1,13).
En comparación con el tratamiento farmacológico, la DME postratamiento fue de -0,11 (IC 95%: -0,33 a 0,10), indicando poca o ninguna diferencia. La evidencia sobre eventos adversos sugiere que el ejercicio podría causar menos efectos indeseables.
En síntesis, el ejercicio puede ser moderadamente más efectivo que no intervenir para aliviar los síntomas de la depresión. No se observaron diferencias significativas en la eficacia entre esta práctica, las terapias psicológicas y farmacológicas. En conclusión, el ejercicio es una opción prometedora como tratamiento complementario para gestionar la depresión.
Fuente bibliográfica
Exercise for depression (Review)
Clegg AJ, et al.
Cochrane Database of Systematic Reviews 2026; 1(1):CD004366