The New England Journal of Medicine
Dieta materna rica en huevo y maní no previene alergias alimentarias en lactantes
Un análisis a los 12 meses ratifica que la estrategia preventiva eficaz no depende de la ingesta de la madre, sino de la introducción oral directa y oportuna de alérgenos en la alimentación complementaria del menor.
Las respuestas inmunitarias que predisponen a alergias alimentarias se inician tempranamente durante el desarrollo fetal e infantil, antes de la introducción de alimentos sólidos. La alergia mediada por inmunoglobulina E (IgE) al huevo y el maní representa una causa importante de morbilidad atópica pediátrica. Pese a la hipótesis de que la exposición prenatal, a través de la leche materna, a alérgenos induce tolerancia inmunológica, faltan ensayos aleatorizados robustos que respalden el consumo materno incrementado como estrategia preventiva.
El estudio PrEggNut, liderado por la Dra. Debra J. Palmer del Kids Research Institute Australia, perteneciente a la University of Western Australia, tuvo como objetivo evaluar la eficacia de una dieta materna alta en huevo y maní durante la gestación y lactancia para prevenir la alergia mediada por IgE a estos alimentos en el lactante al año de vida.
Se realizó un ensayo clínico aleatorizado, multicéntrico, paralelo y simple ciego (n= 2.137 gestantes) en cuatro ciudades australianas. Se incluyeron mujeres con embarazos únicos <23 semanas cuyos hijos presentaban alto riesgo atópico (≥2 familiares de primer grado con enfermedad alérgica). Las participantes fueron asignadas aleatoriamente (1:1) a una dieta alta en alérgenos (≥6 huevos y ≥60 maníes semanales; n= 1.070) o a una dieta control estándar (≤3 huevos y ≤30 maníes semanales; n= 1.067) desde el ingreso al estudio hasta los cuatro meses de lactancia. El resultado primario fue la alergia mediada por IgE a huevo o maní a los 12 meses, diagnosticada mediante prueba de punción cutánea y provocación oral supervisada.
En el análisis por intención de tratar (1.066 en el grupo de intervención vs. 1.064 en el control), la incidencia del resultado primario fue de 7,8% (83 lactantes) en el grupo de alta ingesta y 8,4% (89 lactantes) en el grupo control, sin diferencia estadísticamente significativa (RR= 0,93; IC 95%: 0,69–1,26; p= 0,65). En los resultados secundarios, tampoco se observaron diferencias significativas en la alergia mediada por IgE a huevo (RR= 0,87; IC 95%: 0,62–1,21) ni a maní (RR= 1,02; IC 95%: 0,60–1,76). De igual forma, la sensibilización al huevo (RR= 0,92; IC 95%: 0,72–1,18) y al maní (RR= 1,21; IC 95%: 0,86–1,70), así como el diagnóstico médico de eccema a los 12 meses (RR= 0,93; IC 95%: 0,84–1,02), mostraron incidencias equivalentes entre ambos grupos de estudio. Los eventos adversos graves no mostraron discrepancias intergrupales (3,6% frente a 3,8%; p= 0,73).
En conclusión, el consumo materno elevado de huevo y maní en la gestación y lactancia no reduce (ni aumenta) la incidencia de alergia mediada por IgE en lactantes de alto riesgo. Clínicamente, estos hallazgos demuestran que incrementar el consumo materno de alérgenos no constituye una intervención efectiva de prevención primaria, reafirmando que la estrategia prioritaria sigue siendo la introducción directa y oportuna de alimentos alergénicos en la dieta del lactante a partir de los seis meses.
Fuente bibliográfica
Trial of a Maternal Diet Rich in Eggs and Peanuts to Reduce Infant Allergy
Palmer DJ, et al.
N Engl J Med 2026; 395:1090-9