Roma V:
La redefinición de los trastornos intestino-cerebro
Los nuevos criterios precisan el diagnóstico, incorporan una visión fisiopatológica más integrada y buscan superar limitaciones detectadas en su versión anterior.
Durante décadas, muchos pacientes con dolor abdominal recurrente, distensión, alteraciones del tránsito intestinal o síntomas digestivos persistentes recibieron explicaciones insuficientes para comprender el origen de sus molestias.
La ausencia de lesiones estructurales visibles llevó con frecuencia a considerar estos cuadros como diagnósticos de exclusión o incluso como manifestaciones predominantemente psicológicas. Sin embargo, el avance del conocimiento científico ha transformado progresivamente esa mirada.
Existe un consenso creciente en que estos trastornos obedecen a alteraciones complejas de la comunicación bidireccional entre el intestino y el sistema nervioso central, con mecanismos fisiopatológicos identificables, aunque todavía difíciles de demostrar mediante biomarcadores aplicables a la práctica clínica diaria [1].
Ese cambio conceptual ha sido impulsado durante más de tres décadas por la Fundación Roma, organización internacional creada para desarrollar criterios diagnósticos basados en evidencia para estas enfermedades. Su nombre recuerda la reunión realizada en la ciudad de Roma, en 1988, donde un grupo de expertos inició el proceso de estandarización que posteriormente daría origen a las sucesivas clasificaciones conocidas como Roma I, II, III, IV y, recientemente, Roma V [2].
Publicados en la revista Gastroenterology, los nuevos criterios representan la evolución más reciente de un proceso continuo de revisión científica. Más que establecer un cambio radical respecto de Roma IV, publicado en 2016, constituyen un refinamiento destinado a responder interrogantes surgidas durante casi una década de experiencia clínica e investigación [2,3].
Un ajuste basado en la evidencia
La publicación de Roma IV significó un punto de inflexión al reemplazar el antiguo concepto de "trastornos funcionales gastrointestinales" por el de "trastornos de la interacción intestino-cerebro" (Disorders of Gut-Brain Interaction), reconociendo que estos cuadros poseen bases fisiológicas relacionadas con alteraciones de la motilidad, hipersensibilidad visceral, función inmunológica, microbiota intestinal y procesamiento cerebral de las señales digestivas [3].
Roma V mantiene ese modelo, pero introduce modificaciones destinadas a mejorar su aplicabilidad clínica. Entre ellas destacan ajustes en diversos criterios diagnósticos, una mayor flexibilidad frente a la coexistencia de múltiples trastornos en un mismo paciente y una revisión crítica de algunos umbrales sintomáticos que habían demostrado ser excesivamente rígidos [2].
Un ejemplo es el síndrome de intestino irritable. La experiencia mostró que algunos pacientes con manifestaciones clínicas compatibles no cumplían estrictamente el umbral de frecuencia del dolor abdominal exigido por los criterios diagnósticos, lo que motivó una revisión para favorecer una aplicación más acorde con la práctica clínica.
Otro aspecto relevante es el fortalecimiento de un enfoque centrado en mecanismos fisiopatológicos más que en la simple ausencia de enfermedad orgánica. Si bien continúa siendo indispensable descartar patologías estructurales cuando corresponde, el diagnóstico deja de entenderse como una conclusión residual para transformarse en una entidad clínica con bases biológicas reconocibles [2,4].
Los expertos también enfatizan la necesidad de utilizar una terminología que contribuya a disminuir el estigma asociado a estos pacientes. Aunque el cambio desde trastornos funcionales hacia trastornos de la interacción intestino-cerebro ya había comenzado con Roma IV, la nueva versión profundiza esta orientación al reconocer que el lenguaje utilizado por el médico influye directamente en la percepción que el paciente tiene de su enfermedad y en la adherencia al tratamiento [2].
Más precisión, nuevos desafíos
La nueva clasificación reconoce que la práctica clínica continúa enfrentando importantes retos. La frecuente superposición entre distintos trastornos, la variabilidad temporal de los síntomas y la ausencia de biomarcadores suficientemente validados siguen dificultando el diagnóstico y el desarrollo de terapias dirigidas [2,5].
En ese escenario, se promueve una aproximación cada vez más personalizada, integrando factores biológicos, psicológicos y sociales dentro del modelo biopsicosocial que caracteriza a estos trastornos. Este enfoque busca facilitar estrategias terapéuticas adaptadas al perfil clínico de cada paciente, más allá de etiquetas diagnósticas rígidas [4,5].
Sin embargo, los propios autores reconocen que Roma V no representa el punto final de este proceso. Persisten interrogantes sobre la identificación de biomarcadores confiables, la incorporación de herramientas de medicina de precisión, el papel de la inteligencia artificial en el apoyo diagnóstico y la comprensión de la microbiota como posible elemento diferenciador entre distintos fenotipos clínicos [2,5].
Más que inaugurar un nuevo paradigma, Roma V consolida una transformación que comenzó hace varios años: comprender los trastornos de la interacción intestino-cerebro como enfermedades complejas, heterogéneas y biológicamente plausibles.
El desafío ahora será traducir ese conocimiento en diagnósticos más precisos, tratamientos personalizados y una mejor calidad de vida para millones de pacientes que, durante demasiado tiempo, convivieron con síntomas difíciles de explicar y, muchas veces, también de comprender.
Bibliografía:
[1] Drossman DA. Functional Gastrointestinal Disorders: History, Pathophysiology, Clinical Features and Rome IV. Gastroenterology. 2016 Feb 19:S0016-5085(16)00223-7.
[2] Drossman DA, Chang L, Tack J. Disorders of Gut-Brain Interaction and the Rome V Process. Gastroenterology. 2026 May;170(6):1083-1098.
[3] Drossman DA, Hasler WL. Rome IV-Functional GI Disorders: Disorders of Gut-Brain Interaction. Gastroenterology. 2016 May;150(6):1257-61.
[4] Barbara G, Aziz I, Ballou S, Chang L, Ford AC, Fukudo S, Nurko S, Olano C, Saps M, Sayuk G, Siah KTH, Van Oudenhove L, Simrén M. Rome Foundation Working Team Report on overlap in disorders of gut-brain interaction. Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 2025 Apr;22(4):228-251.
[5] Roma V, Trastornos de la interacción intestino-cerebro, 5.ª edición. https://theromefoundation.org/rome-iv/rome-v-disorders-of-gut-brain-interaction-5th-edition/
Por Óscar Ferrari Gutiérrez