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19 Marzo 2018

El patógeno desconocido

Se le conoce como la “enfermedad X” y su enigmático nombre representa la certeza de que una grave epidemia internacional podría ser causada por un virus del cual no existen registros. La OMS está en alerta.

De acuerdo a un artículo publicado en el Journal of Anxiety Disorders, el miedo es la principal emoción del ser humano y, lo desconocido, el temor más grande. El pánico que genera la nula certeza de los hechos o futuros acontecimientos incluso ha sido calificada por algunos especialistas en salud mental como una herramienta evolutiva, que surge sin demora como una respuesta, consciente o inconsciente, frente a la ausencia de información. Y es que evitar los peligros le habría permitido a los primeros hombres y mujeres del planeta abrirse camino en ambientes generalmente adversos, algo así como el instinto de sobrevivencia.

Esa sensación de ansiedad y temor es lo que muchas veces impide que los individuos se aventuren libremente en lo inexplorado, pero las ansias de descubrir, de encontrar respuestas, de ver algo nuevo, generalmente termina por imponerse. Pruebas de aquello hay de sobra en la historia de la humanidad. ¿Pero qué hacer frente a lo desconocido? Ser previsor y manejar todas las posibles variables que puedan surgir en un escenario complejo es lo que propone la Organización Mundial de la Salud.

A principios de febrero, en Ginebra, un comité de expertos integrado por destacados virólogos y bacteriólogos estableció la urgencia de organizar una profunda investigación y desarrollar antídotos para una lista de “nueve posibles enfermedades con efectos devastadores para salud”. En la nómina, donde se encuentran algunas patologías como el ébola, zika y el síndrome respiratorio agudo severo, se incluyó un patógeno desconocido.

En la reunión se creó el Plan de Acción I&D 2018, una estrategia preventiva frente a una auténtica amenaza para la salud global por su potencial epidémico: la enfermedad X. La denominación hace referencia a una bacteria o un virus que podría manifestarse en un futuro no muy lejano y causar una infección generalizada, por lo mismo, el objetivo de la OMS es sensibilizar a sus estados miembros sobre la necesidad de estar preparados ante una posible emergencia causada por un nuevo virus.

“Su enigmático nombre representa la certeza de que una grave epidemia internacional podría ser causada por un patógeno hasta ahora desconocido. Como nos ha enseñado la experiencia a menudo, lo que nos va a golpear es algo que no anticipamos”, comentó el doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades de Estados Unidos. 

La OMS enfatizó que su propósito no es atemorizar a la población, sino que estimular a los funcionarios de la salud pública para que estén preparados frente a todas las amenazas y no solo las predecibles.

“De la misma manera en que no anticipamos el zika, tampoco pensamos que existiera un ébola que fuera a alcanzar las ciudades. Entonces, la X también significa inesperado”, agregó el inmunólogo.

Algunos especialistas especulan que esta patología hipotética podría ser causada por la resistencia a los antibióticos, sin embargo, José Martín Moreno, académico de Salud Pública de la Universidad de Valencia y ex director de Gestión de Programas para Europa de la OMS, piensa distinto. “Lo más probable es que se desarrolle a través de un mecanismo de transmisión zoonótica, cuando una enfermedad infecciosa que suele afectar a los animales salte a los humanos, como ocurrió con el ébola, la salmonela o el VIH, que fue transferido a los seres humanos desde chimpancés a principios del siglo XX. A medida que el ecosistema y los hábitats humanos cambian, siempre existe el riesgo de que las enfermedades salten de los animales a los humanos”, explicó. La globalización y el aumento de los viajes en la última década han aumentado la posibilidad de que las patologías transmisibles se extiendan.

En general, existe consenso en aprobar la decisión de la Organización Mundial de la Salud, ya que disminuiría los índices de estrés y preocupación que surgen cuando existe una epidemia y no se cuenta con la información necesaria para reaccionar adecuadamente. “La enfermedad X es algo temporal. Por ejemplo, el sida fue una enfermedad X, ya que mataba a muchas personas y no se sabía lo que era”, acotó Juan Pablo Horcajada, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital del Mar en Barcelona. 

Evidentemente, en esta materia el tiempo es clave. La OMS reconoce que para enfrentarse a lo desconocido debe “reaccionar ágilmente” y los sistemas sanitarios deben estar suficientemente preparados para abordar la enfermedad X, desde el diagnóstico precoz hasta la contención epidemiológica. Para esto se requiere de una planificación de amplio espectro y protocolos definidos que se activen con rapidez frente a cualquier tipo de virus, bacteria resistente a los antibióticos o un hongo ambiental. Asimismo, los equipos humanos deben ser multidisciplinarios, vale decir, compuestos por epidemiólogos, expertos en enfermedades infecciosas, microbiólogos y técnicos epidemiólogos de campo.

“En esencia, los científicos generan recetas personalizables para crear vacunas. Así, cuando ocurre el brote de una enfermedad, pueden rastrear la genética única del virus que la causa y conectarla con la secuencia correcta en la plataforma ya desarrollada para crear una nueva vacuna. Para contar con estas plataformas y secuencias, los científicos deben primero estudiar géneros completos de virus, como los flavivirus, que incluyen, entre otros la encefalitis japonesa, la fiebre amarilla, el zika y el virus del Nilo Occidental. Si logras una comprensión de las características comunes de todos esos virus, puedes responder más rápidamente”, subrayó el doctor Anthony Fauci.

El Plan de Acción I&D 2018 surgió a raíz de la emergencia provocada por el ébola en África Occidental, en marzo de 2014. El brote, que se extendió hasta 2016 causando en 11.310 muertes en Guinea, Liberia y Sierra Leona, reveló que la investigación y el desarrollo necesitan ser una parte integral de la respuesta ante las epidemias.

“El trabajo conjunto con gobiernos, científicos y entidades privadas resultó en la primera vacuna totalmente efectiva contra el ébola, desarrollada y probada en apenas 12 meses, frente a los 5 o 10 años que tal proceso normalmente habría tomado”, destacó Marie-Paule Kieny, subdirectora general de Sistemas de Salud e Innovación de la OMS.

Queda claro que dejarse vencer por el miedo, paralizarse y no reaccionar ante esta amenaza resultaría catastrófico. Ocurre en todos los ámbitos de la vida y así lo sostiene el doctor Isaac M. Marks del Instituto de Psiquiatría de Londres: “si bien el temerle a lo desconocido es importante, si es que ese miedo se transforma en una ansiedad que paraliza al individuo, se convierte en un problema, ya que si no se expone a una nueva experiencia no podrá crear una memoria en su cerebro que le enseñe a afrontar situaciones similares”.

Por Óscar Ferrari Gutiérrez

Mundo Médico

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