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06 Agosto 2018

Dr. Guillermo Berbotto:

“Los biosimilares son una realidad del presente”

Para el especialista de la Sociedad Argentina de Reumatología el desarrollo de la bioingeniería y biotecnología ha permitido fabricar medicamentos complejos para el manejo de diversas enfermedades inflamatorias, entre ellas, las reumáticas y su uso futuro en otras es aún más prometedor.

El principio activo de un medicamento biológico es una proteína producida de manera natural por el cuerpo humano –por ejemplo, una enzima, un anticuerpo o una hormona– que provoca un efecto terapéutico en el paciente, al suprimir los síntomas de la enfermedad, prevenir o retrasar su evolución.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera como biológicos a las citoquinas recombinantes, anticuerpos monoclonales o policlonales, y a las proteínas de fusión que necesitan de un mayor nivel de pruebas de monitorización y calidad que los fármacos convencionales de síntesis química al ser estructuralmente más complejos y con un grado de variabilidad mayor.

El advenimiento de las terapias biológicas ha cambiado el rumbo de las enfermedades inflamatorias en reumatología. Así lo asegura el doctor Guillermo Berbotto, médico internista y reumatólogo de la Universidad Nacional de Rosario en Argentina.

“En el transcurso de hacer medicina interna, experimenté la dicha de conocer al doctor Carlos Battagliotti, maestro argentino y panamericano de reumatología que me llevó por este camino y contribuyó en mi formación como médico”.

Para el facultativo, jefe del Servicio de Reumatología del Hospital Escuela Eva Perón en la ciudad de Granadero Baigorria y del Servicio de Enfermedades Reumáticas y Autoinmunes del Sanatorio Británico de Rosario en la Provincia de Santa Fe, “los fármacos biosimilares son nuevos biológicos que contienen una versión del principio activo del producto de referencia y han demostrado que las leves diferencias fisicoquímicas existentes entre ambos productos no tienen trascendencia terapéutica. Es decir, se comportan muy parecido al innovador, ni mejor ni peor”.

- Las terapias biológicas han tenido un desarrollo vertiginoso en los últimos años. ¿Qué cambios se han observado respecto al tratamiento de las enfermedades inflamatorias en reumatología?

Esos cambios los voy a definir con una palabra: enormes. Recuerdo cuando ingresé a trabajar al hospital público hace más de 20 años, veíamos pacientes con dificultades, discapacidades, en sillas de rueda, utilizando muletas o bastones. Hoy tenemos la suerte de no observar más ese panorama. Eso no es sólo por el advenimiento de las terapias biológicas, sino también porque tenemos mayores conocimientos sobre estas enfermedades y las alternativas existentes para tratarlas. Sin embargo, el hecho de que existan este tipo de terapias en los últimos 15 a 20 años cambió totalmente el camino de la especialidad y el beneficio para los pacientes.

- ¿En cuál de ellas se han visto mayores beneficios? 

Sin duda en artritis reumatoidea, pero a partir de allí en pacientes con psoriasis como enfermedad cutánea y artritis como consecuencia de esa psoriasis; en jóvenes varones con enfermedades espondiloartropatías, entre ellas la espondilitis anquilosante en la que también usamos terapias biológicas; y en pacientes que eran candidatos a un camino directo a discapacidades u osificación a nivel de columna. Esas son las tres ramas más importantes en las enfermedades inflamatorias que estas terapias han cambiado el rumbo, porque podemos ofrecer otras alternativas para mejorar ampliamente la calidad de vida. 

- Si bien superan en efectividad a los fármacos clásicos, todavía su uso es prudente. ¿Todavía existen aprensiones sobre las reacciones adversas de las proteínas recombinantes?

Superamos ampliamente la década del uso de este tipo de terapias y uno ha visto en el camino qué es lo que verdaderamente ha ocurrido con ellas. Hemos aprendido a utilizarlas. Si teníamos miedo era, por ejemplo, a las infecciones. Como estas terapias modifican el sistema inmunológico teníamos un mayor riesgo de ellas, pero aprendimos a utilizar vacunas y con eso a disminuir ese problema. Aprendimos a detectar pacientes que habían tenido contacto con un bacilo muy temido, el de la tuberculosis. Entonces sabemos a quién sí y a quién no se lo podemos indicar. Sabemos cómo controlarlos en el tiempo. El recelo inicial de decir modificamos el sistema inmunológico y aumentamos el riesgo de tumores, eso también ha quedado un poquito atrás en el tiempo, porque todos los registros internacionales dan cuenta de que no hay un aumento significativo en el riesgo de patología tumoral. No existe medicamento libre de efectos adversos. La ventaja es que los reconocemos y detectamos de forma temprana. Eso también redunda en su utilización a tiempo: no por miedo vamos a retrasar el inicio de las drogas, porque con eso estamos también perdiendo oportunidades para nuestro paciente.

- El vencimiento de las patentes de medicamentos biológicos ha dado lugar al arribo de los medicamentos biosimilares. ¿Cuál es la ciencia involucrada detrás de ellos?

La llegada de los biosimilares -drogas que han demostrado ser, como dice su nombre, altamente similares no idénticas, pero que en un camino de investigación científica demostraron serlo en términos de calidad, seguridad y eficacia- es una ventaja muy importante. Estos medicamentos tienen los mismos objetivos de las terapias biológicas anteriores, pero su ventaja radica en que como tienen un sistema diferente de investigación y aprobación por entidades regulatorias ostentan un menor costo. Al tenerlo habilita que muchos más pacientes puedan tener acceso a la medicación; que los presupuestos de salud que invierte cada país tengan menos carga; y que puedan asignarse recursos a otras patologías, la misma o más acceso de pacientes, eso dependerá de cada autoridad gubernamental.

- ¿Cuáles son las ventajas de estos medicamentos biotecnológicos?

Las terapias son las mismas que las de las biológicas, lo mismo ocurre con las indicaciones, las enfermedades y las dosis. Se han demostrado científicamente que los efectos adversos no son mayores, es decir, que tenemos que hacer los mismos controles que a la población que veníamos tratando. Es una alternativa más de tratamiento y una de las características del biosimilar es que no es mejor, no es peor, es similar, por lo tanto le tenemos que exigir lo mismo que a las terapias anteriores.

- En medicina una máxima es la confianza. No sólo entre el paciente y su médico, sino que entre éste y el arsenal terapéutico disponible. En ese sentido, ¿podemos confiar en que los medicamentos biosimilares son igualmente eficaces que uno innovador?

Sí, siempre y cuando sea biosimilar. Una de las preocupaciones que hemos tenido quienes estamos trabajando en este tema es con respecto a aquellas drogas que, podemos decir, aspiraron en algún momento a ser biosimilar y el camino no se los permitió, porque no llegaron a tener todos los avales científicos necesarios que solicitan las entidades regulatorias para cumplir la totalidad de evidencia para ser considerada una droga biosimilar. Aquel medicamento que intentó serlo y quedó en el camino fue un intento de copia y al no cumplir las pautas regulatorias para ser aprobado como biosimilar puede haber puesto en riesgo la calidad, seguridad y eficacia de la droga. Los productos biotecnológicos tienen su origen en seres vivos y una célula viva va a dar origen a una molécula similar siempre. Estas drogas no son genéricas, tienen que cumplir pautas estrictas, donde la caracterización analítica de la droga es muy importante.

- ¿Por qué un profesional de la salud debiese encontrar en estos medicamentos una alternativa viable para sus pacientes?

Es muy importante la pregunta, en qué sentido en que a los médicos siempre nos gusta tener alternativas de tratamiento. Las terapias biológicas en estos 15 a 20 años han tenido dos problemas: no todos los pacientes responden y el alto costo. El primer problema los reumatólogos lo podemos solucionar, cambiando a otras drogas biológicas que tengan un mecanismo de acción diferente, pero el costo no lo podemos definir los médicos. Los biosimilares están abriendo un camino hacia la competencia por biológicos, factor clave para reducir costos y facilitar la generación de alternativas que cuentan con la misma calidad científica. 

- ¿Cuáles son los avances más importantes que se están produciendo en materia de biosimilares?

El avance más importante es que gran parte de las drogas biológicas que usábamos, fundamentalmente las anti-TNFα, estaban protegidas por patente, pero cuando éstas expiraron distintas industrias, a través de la bioingeniería y la biotecnología, comenzaron a generar drogas similares. Tanto es así que cada una de esas drogas originales con patente hoy tienes dos, tres, cuatro o hasta cinco biosimilares, según el continente. Europa, por lejos, lidera este desarrollo. Esto nos brinda alternativas de tratamiento. En Argentina contamos recién con el primer biosimilar del infliximab, un anticuerpo monoclonal que inhibe específicamente la actividad del TNFα mejorando la inflamación y otros síntomas de las enfermedades. Es nuestra primera experiencia como países y nuestras sociedades científicas serán quienes apoyen los registros para estudiar de qué manera han beneficiado el cuidado de nuestros pacientes.

- ¿De qué manera los biosimilares han contribuido a la innovación en medicina?

Siento que han continuado con el camino. El hecho de haber descubierto diferentes mecanismos de acción de drogas para controlar las enfermedades cambió nuestra especialidad de una manera radical. Recuerdo que cuando rendí mi especialidad de reumatología, ya hace 23 años, esto era un tema que en nuestra bibliografía o en los programas de exámenes no existían o estaban allí las primeras semillas que se iban a tratar de sembrar. Los biosimilares forman parte del camino y ese camino va a seguir extendiéndose. Vamos a contar con nuevas moléculas y con nuevos biosimilares de ellas. Siento que se trata de una rueda muy difícil de detener. Los biosimilares llegaron y se van a quedar, de eso no tengo duda. Ya están con nosotros. Son una realidad del presente que debemos utilizar, por eso tenemos que conocerlos para estar al corriente de sus pros y contras, ventajas, limitaciones e indicaciones.

- Por último, ¿hacia dónde se dirigirán estas terapias a futuro?

Estoy seguro que seguirán surgiendo biosimilares de drogas que ya conocemos, pero también se descubrirán nuevas moléculas y nuevos medicamentos que pueden actuar en diferentes mecanismos de la enfermedad, lo que nos permitirá controlarla aún más fácilmente y, quizás, con menos riesgo. El conocimiento científico evoluciona diariamente y nos permite abrir diferentes puertas. Todavía tenemos mucho por aprender y caminos por transitar en esta especialidad.

Por Carolina Faraldo Portus

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