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13 Agosto 2018

Dr. Óscar González Valdés:

“La medicina no sabe de fronteras”

El crecimiento y desarrollo saludable de la población infantil debe ser una de las máximas prioridades para todas las sociedades del mundo, porque los niños de hoy serán los adultos del mañana.

Durante el siglo XX se desarrolló un gran interés por la infancia, al cambiar la visión del lugar que ocupaban los niños dentro de la sociedad. Las políticas de bienestar en aquella época planteaban que la modernización de las naciones dependía directamente del mejoramiento de las condiciones de vida.

Los pequeños se transformaron en el centro de atención de diversas instituciones que buscaron promover la salud para disminuir la mortalidad infantil; promulgaron leyes para proteger a la infancia; ampliaron la cobertura escolar para incrementar el potencial humano; y promulgaron los derechos del niño que cambiaron definitivamente la antigua imagen del infante desvalido. 

La salud infantil fue considerada como un estado de completo bienestar físico, mental y social no solo como la mera ausencia de enfermedad, fundamental para el posterior desarrollo individual. 

Para el pediatra y neonatólogo Óscar González Valdés, past president de la Sociedad Chilena de Pediatría (Región de Tarapacá), “la salud del adulto se programa desde la concepción, pasando por el parto, la lactancia y la introducción de alimentos en los primeros años, por eso es tan importante esta etapa de la vida”. 

Con más de 25 años de ejercicio profesional ha sido testigo de los cambios que ha experimentado la especialidad. “Cuando me formé como pediatra ya tenía interés por la neonatología, donde había mucho por hacer con recursos limitados. Llegar a los recién nacidos era un mundo totalmente nuevo y para manejarlo debíamos contar con equipos tecnológicos y humanos comprometidos con la salud infantil y el servicio público”.

- La salud materno infantil en América Latina está estrechamente ligada a su historia, cultura y procesos de desarrollo. Más allá de esa diversidad, ¿existen bases compartidas y retos comunes entre los países?

Los países latinoamericanos compartimos un idioma, historia y costumbres. Estamos hermanados en esta gran América de gente hermosa y de una rica multiculturalidad, que fecunda niños y niñas que debemos cuidar. La medicina no sabe de fronteras. En ese sentido, cuando el desarrollo no llega a todos debemos velar porque eso no ocurra. El trabajo de los distintos gobiernos regionales ha logrado mejorar las estadísticas biomédicas y los trabajos conjuntos. Eso permite ver un mejor futuro. Ha sido un proceso paulatino, pero se está progresando notoriamente. 

- La primera infancia, desde la etapa prenatal hasta los ocho años, es un periodo crucial para el crecimiento y desarrollo del ser humano. ¿De qué manera se potencia la salud en este ciclo?

Es en este periodo donde se define el individuo. Es muy importante el cuidado de la madre desde antes de su embarazo; la preocupación prenatal del bebé, su crecimiento y comportamiento in utero; los cuidados del parto y los primeros días de vida. El rol de la familia, como ente formador del sujeto, es fundamental para asegurar su desarrollo como individuo y como persona para enfrentar el mundo en su oportunidad. El pediatra es el encargado de aportar conocimientos y experiencia en la crianza. Somos los llamados a ayudar en la formación de esta persona para que sea un adulto feliz, sano de cuerpo, mente y alma. No debemos llegar tarde, la respuesta es ahora.

- Con más de 25 años de experiencia profesional, ¿cómo describiría la evolución de la especialidad?

En mis años de práctica he visto niños que hoy son adultos. He visto familias que se han convertido en familias más grandes con nuevas generaciones de hijos y nietos. Actualmente, los conocimientos que se adquieren en la formación de pregrado y postgrado son insuficientes para abordar los nuevos desafíos que conlleva el desarrollo de la especialidad. La familia, como la entendíamos antes, ha variado; lo mismo ha pasado con las enfermedades: ya no son infecciosas sino del desarrollo, del exceso o degenerativas. La información es rápida y muy accesible. Los padres están más informados y demandantes, hecho que ha llevado a abordar las patologías de manera distinta. El acostumbramiento a lo inmediato está llevando a muchos a interactuar menos con los pacientes, aunque sean niños y eso es precisamente lo que no debe suceder. 

- Al ser el pediatra el primer promotor de la salud del adulto, ¿cómo se practica la medicina preventiva a temprana edad?

La medicina preventiva comienza con el cuidado de la futura madre durante su embarazo y parto. Los equipos de salud deben velar para que todo ese proceso fisiológico cubra las necesidades metabólicas del feto y tengamos un recién nacido sano. La lactancia materna inmediata en la primera hora de vida y como forma exclusiva de alimentación hasta alrededor de los seis meses de edad, es la principal intervención que preocupa al profesional en los Servicios de Neonatología y Maternidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) han incentivado los “Hospitales amigos de los niños” con el fin de fortalecer esta práctica, rescatando así la puericultura para beneficio del binomio madre/hijo. Las vacunas, además, han sido y siguen siendo uno de los logros más importantes de la medicina preventiva. Gracias a ellas hemos conseguido que ciertas enfermedades infectocontagiosas graves y sus complicaciones estén erradicadas. Por último, y no por eso menos importante, el reforzamiento de las competencias de los profesionales de la atención primaria para una correcta toma de decisiones en el trabajo diario en los diferentes niveles de gestión, ha logrado mayor apoyo técnico y humano en el último tiempo para cumplir con su rol protector, preventivo y educador en salud.

- La información demográfica y epidemiológica disponible muestra la reducción de la mortalidad neonatal e infantil. En tanto, en el menor de un año, se aprecia una creciente prevalencia de enfermedades crónicas y la persistencia de padecimientos infecciosos y nutricionales. En este contexto, ¿cuáles son los desafíos para el pediatra del siglo XXI?

Con respecto a las patologías, la realidad ha cambiado notoriamente. Hace algunas décadas los niños contraían enfermedades infecciosas, parasitarias, carenciales y morían a muy temprana edad. En el siglo XXI, ese escenario ya no es tal. Los recién nacidos sobreviven a condiciones antes letales, como enfermedades genéticas, metabólicas, malformaciones y patologías severas que condicionan su futuro. Producto del desarrollo de la tecnología y la implementación de unidades neonatales y de cuidados críticos, niños que anteriormente fallecían hoy sobreviven, muchos de los cuales presentan enfermedades crónicas o secuelas. En consecuencia, ha surgido la necesidad de contar con profesionales encargados del cuidado integral coordinado, continuo y oportuno de los niños y adolescentes con necesidades especiales (NANEAS) y de sus familias, para contribuir a mejorar su calidad de vida.

- La migración es un fenómeno que se está viviendo en todo el mundo, ¿qué retos genera la salud integral de un niño inmigrante a los pediatras y a la salud pública? 

La migración es una realidad. El mundo está experimentando los mayores desplazamientos de población que se hayan visto desde el final de la Segunda Guerra Mundial causados por pobreza, cambio climático, conflictos armados y violencia. Las personas están buscando destinos de acuerdo a sus necesidades para comenzar una nueva vida. Esto, naturalmente, plantea desafíos para los gobiernos y sistemas de salud, que se deben proporcionar en forma ordenada y coordinada, por ejemplo, a través de programas de atención y vacunas para toda América y El Caribe. 

- ¿Será esta realidad una oportunidad para avanzar en la generación e integración de políticas sanitarias transversales que traspasen las fronteras?

Sin duda. Este fenómeno nos brinda una valiosa oportunidad de integración y una posibilidad de mejora de los estándares sanitarios de todos los niños de la región, a través de la formulación de políticas transversales que traspasen las fronteras. Los niños son el futuro de la sociedad en todos los países del mundo. La migración se convertirá en la plataforma para elevar la salud de nuestros niños hacia un estándar más alto y homogéneo. 

- Por último doctor, ¿cómo imagina usted a los niños del futuro?

Los plazos se van acortando y aún queda tanto por hacer por la salud de nuestros niños. Yo espero que el futuro sea más prometedor para la población infantil y que se generen las condiciones para que las ciudades sean acogedoras para ellos y no tanto para los autos. Tengo fe en las familias como garantes de la protección y educación de los pequeños; y en los sistemas que el Estado provee para asegurar la salud integral. Quiero mirar con optimismo el mañana, porque esos tiempos serán de los adultos que hoy son los niños que cuidamos. Hagamos un buen trabajo, no hay tiempo que perder.

Por Carolina Faraldo Portus

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