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17 Febrero 2020

Dra. Tamara Inostroza Cancino:

“La detección precoz puede determinar un tratamiento menos agresivo”

Para la hematóloga oncóloga pediatra el cáncer infantil plantea constantes retos. Entre ellos terapias no tan dañinas con mejores tasas de supervivencias para que el niño sea, en el futuro, un adulto sano.

El cáncer infantil es una enfermedad rara y poco frecuente que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, ocurre en 50 a 200 menores de 15 años por cada millón de niños. Si bien aún no se conoce el origen de la enfermedad y no existe posibilidad de prevenirla, la detección precoz resulta clave para un pronóstico favorable. De hecho, gracias al avance en las estrategias de los tratamientos, las tasas de supervivencia alcanzan, en muchos casos, el 80%.

La oncóloga infantil Tamara Inostroza Cancino, jefa de la Unidad de Oncología Infantil del Hospital Dr. Leonardo Guzmán de Antofagasta (Chile), explica que este porcentaje de curación se debe, principalmente, “a los avances en los métodos diagnósticos y tratamientos y, sobre todo, al mejor conocimiento de los tumores y al trabajo en red de los hospitales. En ese sentido el fomento de la investigación y de la colaboración entre diferentes grupos en el mundo ha permitido ese importante progreso”. 

- ¿Qué incidencia tiene el cáncer infantil en el mundo?

La tasa de incidencia es de 15 casos nuevos por cada 100 mil menores de 15 años. 

- ¿Cuáles son los tipos de cáncer que afectan a este grupo?

En general, la leucemia linfoblástica aguda representa alrededor de una tercera parte de todos los cánceres infantiles. Los otros tumores malignos más comunes son los del sistema nervioso central y los linfomas. Existen varios tipos tumorales que se dan casi exclusivamente en los niños, como los neuroblastomas, nefroblastomas, meduloblastomas y retinoblastomas. 

- Pueden tener un origen genético…

Existen algunos cánceres que podrían tener un origen genético o asociado a un problema de esta índole, que no explican más del 5% de los casos. En el 95% restante, las causas son más bien desconocidas. No se le atribuyen razones ambientales, sino por una suma de mutaciones en los genes a lo largo de la vida del niño que el cuerpo no es capaz de reparar. Básicamente, lo que plantean las teorías es que existe una alteración que hace que se pierda “el control de calidad” de esas células y esta mutación, que muchas veces es corregida, capea los mecanismos de control de reparación del daño del ADN y genera la proliferación de una célula que es tumoral, invade y genera metástasis. Existen muchos factores que pueden promover este proceder, pero la causa original aún es desconocida. 

- Cada cáncer es distinto y con síntomas diferentes, no obstante, ¿es posible su detección precoz?

Como en cáncer infantil no existen factores ambientales para poder prevenirlo, como en el adulto, lo más importante para el pronóstico es la detección precoz y eso se puede lograr determinando ciertos síntomas y síndromes. Por ejemplo, un síndrome febril asociado a una citopenia sin explicación; hallazgo de masas; aumento anormal del tamaño de los ganglios linfáticos y alteración en su consistencia; dolor óseo con algunas características de alarma; cefaleas que despiertan al niño en la madrugada con vómitos y que producen alteraciones del examen neurológico, la marcha y el comportamiento nos deben hacer pensar que podemos estar frente a la presencia de un tumor. Es en ese momento cuando los padres deben consultar a su pediatra o a su sistema de salud para poder realizar los estudios necesarios, si es que lo ameritan, para confirmar o descartar la enfermedad. Es primordial realizar la consulta a través de la vía más rápida de atención, porque una detección precoz nos puede determinar una enfermedad menos avanzada y, por lo tanto, un tratamiento menos agresivo y con mejor pronóstico. 

- ¿Existen diferencias entre el abordaje del cáncer en adultos y niños?

Son muchísimas, porque los niños no son adultos chicos. Ellos tienen una biología en desarrollo que va más allá del número de células: se relaciona con la madurez que se genera en la función y en la tasa de recambio de ellas. Por otro lado, no nos encontramos con otras comorbilidades asociadas. Respecto a los tumores, las mutaciones que se describen tienen diferencias en el origen, porque en adultos están relacionados a factores ambientales. La prevalencia de tumores sólidos en ellos es mucho mayor que en niños, en quienes se dan mutaciones que no se presentan en otros grupos etáreos, por mencionar algunas.

- ¿Por qué la tasa de curación es más alta en la población infantil?

Esto se debe a que los tipos cánceres que en ellos se presentan son más sensibles a la quimioterapia, eso se debe a la biología del tumor. Sin embargo, existen tumores que son bastante resistentes en la infancia y que no tienen tan buen resultado frente a la quimioterapia, especialmente en algunos tumores sólidos, donde la piedra angular de tratamiento es el control local a través de cirugía o radioterapia y la quimio ayuda como complemento a controlar la enfermedad sistémica local. 

- ¿Cómo ha evolucionado su abordaje y tratamiento en los últimos años?

Cada tumor tiene su tratamiento en particular. Contamos con quimioterapia, radioterapia, cirugía, trasplante de médula ósea y, actualmente, también existen las terapias biológicas. El tratamiento del cáncer infantil tiene como objetivo principal desarrollar estrategias que minimicen la toxicidad terapéutica, reduciendo la morbimortalidad. La inmunoterapia estimula o modula al sistema inmune, evitando el crecimiento de los vasos sanguíneos que alimentan el tumor. 

Se está trabajando hace muchos años y está en continuo desarrollo. Nosotros como sistema público, participamos activamente en varios grupos colaborativos internacionales de estudio. La patología es de gran impacto, es la segunda causa de muerte en la infancia y, por otra parte, es rara y los síntomas mencionados anteriormente son inespecíficos, lo que dificulta el diagnóstico precoz por lo que el abordaje de estos pacientes es desafiante, por el impacto que tiene en la salud pública. Eso ha llevado a todos los países a investigar el tema y como es una patología extraña, para poder comprobar distintos tratamientos, necesitamos casuística y tiempo de investigación para avanzar en la lucha contra la enfermedad. Hecho que ha entendido la comunidad médica mundial, que ha conformado grupos colaborativos de estudio, donde analizamos los distintos tumores en la infancia. Y, por ejemplo, en tumores sólidos del sistema nervioso central, se ha ido determinando el origen genético que nos va a permitir determinar la agresividad o no de los tratamientos. 

Entonces hemos podido ir modulando las terapias y trabajando paralelamente otras áreas asociadas a la oncología, como infectología, biología molecular, fisiatría y las distintas especialidades que conforman equipos profesionales integrales para conseguir que el niño sea un adulto sano en el plano físico, psicológico, emocional y social.

- ¿Hacia dónde se dirige la investigación?

Están apuntando a determinar exactamente la biología del tumor para disminuir al mínimo la mortalidad y llegar a entregar una terapia personalizada al paciente, asociada a cómo responde la célula maligna. Además, la maquinaria enzimática de los niños es distinta y, muchas veces, los agentes quimioterapéuticos son metabolizados de distinta manera y eso se puede establecer. Esa es, precisamente, la línea investigativa que se está llevando en el mundo. 

- Trabajar con niños, ver cómo enfrentan esta enfermedad junto a su familia, debe tener muchas gratificaciones. ¿Cuáles son las grandes lecciones que los pequeños entregan durante su proceso de curación?

Los niños nos enseñan todos los días, partiendo por cómo enfrentan el dolor y cómo las cosas simples, como el acompañamiento de sus padres, los reconfortan. Demuestran una tremenda fortaleza, nosotros no esperamos que estén contentos a la hora de llegar a verlos y sí lo están, con energía para afrontar lo que se viene. Eso para mí es la primera lección: aprovechar al máximo los momentos con mi familia e hijos y, por otro lado, admirar esa entereza para sobrellevar una enfermedad que no esperaban, que es devastadora y que los enfrenta a la muerte por un largo tiempo. Es un estado de incertidumbre que dura muchos años, incluso después del tratamiento, que sortean con mucho optimismo. 

 Por Carolina Faraldo Portus

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