Consumo de café podría contribuir a la protección hepática
Ingerir cinco o más tazas diarias sin endulzar se asocia con un menor riesgo de cirrosis, carcinoma hepatocelular y muerte hepática, además de la presencia de biomarcadores que indican menor inflamación y fibrosis.
El café es una de las bebidas más consumidas en todo el mundo y se ha vinculado con posibles beneficios para la salud, incluida la protección contra la enfermedad hepática crónica. No obstante, la evidencia prospectiva de gran escala que combine resultados clínicos, biomarcadores por resonancia magnética y perfiles proteómicos sigue siendo limitada. Además, los efectos del tipo de café, así como de los aditivos y modificadores metabólicos, tampoco están completamente claros.
El objetivo de este estudio, liderado por Hyun-Seok Kim del Cedars-Sinai Medical Center en California, EE. UU., fue examinar si la ingesta de café se asociaba con cirrosis incidente, carcinoma hepatocelular, mortalidad relacionada con el hígado, biomarcadores hepáticos por resonancia magnética y firmas proteómicas circulantes.
Se empleó una cohorte prospectiva basada en el Biobanco del Reino Unido, que incluyó a 354.957 participantes sin cirrosis ni carcinoma hepatocelular basal, reclutados entre 2006 y 2010, de 40 a 69 años al ingreso, con una mediana de seguimiento de 13 años. Los datos sobre el consumo se obtuvieron mediante cuestionario y se clasificaron como ausencia de consumo, 1–2, 3–4 o ≥5 tazas/día, diferenciando café con cafeína, descafeinado y aditivos. Una subcohorte de 28.961 personas tuvo resonancia magnética abdominal para cuantificar fracción grasa hepática por PDFF, hierro hepático y fibroinflamación mediante cT1; otra de 44.633 contó con proteómica Olink de 2.941 proteínas. Los modelos se ajustaron por variables demográficas, conductuales, metabólicas, genéticas y socioeconómicas.
Tras el análisis se encontró que, frente a no consumidores, quienes bebían ≥5 tazas/día presentaron menor riesgo de cirrosis (HR= 0,68; IC 95%: 0,58–0,79; p<0,001), carcinoma hepatocelular (HR= 0,53; IC 95%: 0,34–0,83; p= 0,002) y mortalidad hepática (HR= 0,58; IC 95%: 0,45–0,74; p<0,001). La protección fue similar con café cafeinado y descafeinado. En la resonancia, ≥5 tazas/día se asoció con menor fracción grasa hepática, menor probabilidad de cT1 elevado —marcador indirecto de fibroinflamación— y menor concentración de hierro hepático. El uso de azúcar o edulcorantes se relacionó con una señal de resonancia compatible con mayor fibroinflamación hepática (OR= 1,36; IC 95%: 1,08–1,70). Respecto a los análisis proteómicos, 74 proteínas se asociaron significativamente con consumo de café y cirrosis incidente, destacando mayores niveles de transtiretina, selenoproteína P y CFHR4/5, junto con menores marcadores fibrogénicos y macrofágicos como MFAP4, CSF1R y ENPP2.
En conclusión, una mayor ingesta de café se asoció con indicadores clínicos, imagenológicos y moleculares favorables de salud hepática. Los autores plantean que su consumo moderado sin endulzar podría constituir una estrategia simple, accesible y escalable para la prevención de enfermedad hepática.
Fuente bibliográfica
Coffee Consumption and Improved Liver Outcomes: Clinical, Imaging, and Proteomic Evidence From the UK Biobank
Kim HS, et al.
DOI: 10.1016/j.cgh.2026.04.035