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10 Julio 2017

La oportunidad de un error

Errar no es tan negativo como se piensa, significa que se ha tenido el valor de arriesgar, de vivir nuevas experiencias. El reconocer aquello que sale mal, libera. Permite adquirir herramientas para superar distintas dificultades en la vida. 

En nuestra cultura los errores son vistos –casi siempre- como desgracias, pérdidas de tiempo, incapacidad mental o síntoma inequívoco de falta de inteligencia y sentido de adaptación. Dicho en palabras simples: errar no está permitido.

Hecho que quedó en evidencia cuando el error técnico que cometió Marcelo Díaz –volante de la Selección Chilena de Fútbol- en el borde del área grande de la portería nacional, permitió al rival inaugurar el marcador en San Petersburgo. Ese 1-0 en favor del equipo europeo que Chile no pudo revertir en los 70 minutos restantes.

Inmediatamente, la actuación del jugador chileno –hasta ese minuto siempre criterioso con la pelota en los pies- generó una serie de comentarios, gran parte de ellos negativos. Muy pocos empatizaron con su sentir, con su carrera tras la pelota tratando de detener al rival o con ese salto lleno de furia y rabia expresada en el movimiento de sus brazos. ¿Será que nos estamos convirtiendo en seres incapaces de aceptar que un error lo comete cualquiera?

La palabra error,del latín errare (Diccionario Vox Latín-Español Español-Latín), significa fallar o equivocarse. El término está asociado a un efecto o consecuencia no deseada de un determinado accionar y es necesario que se le distinga de aquello causado con intención, donde se compromete a la voluntad y acción consciente de quien la provoca. Para el antiguo filósofo romano Seneca Errare humanum est, perseverare autem diabolicum, es decir, “errar es humano, pero persistir en el error es diabólico”.

Y la medicina no se ha quedado atrás respecto a esta materia. El hacer consciente los propios errores es un aspecto que la ciencia también ha querido investigar. Por qué cometemos errores; cuáles son los procesos neurocognitivos durante el ciclo de preparación, percepción, acción y detección de ellos (doi.org/10.1016/j.neuroimage.2015.03.040); y cómo el cerebro impide un segundo error a partir de un aprendizaje perceptivo (doi:10.1038/srep32058) han sido algunas de las aproximaciones al tema.

Ya en el siglo pasado, el psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo Carl Gustav Jung se acercó al tema y afirmó que “el error es una condición tan importante para el progreso de la vida, como la verdad”, porque “el hombre que ha cometido un error y no lo corrige, comete otro error mayor”, como postulaba Confucio.

Para el doctor Rafael Estay Toloza, destacado psiquiatra viñamarino, profesor del Departamento de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valparaíso, miembro activo de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía de Chile y autor del libro Jung en fácil, lo primero que debemos establecer es la definición de error. “Es una equivocación… es algo que se trasluce y me lleva hacia algo que no quería hacer… o es un catalizador”, se pregunta a modo de reflexión.

“Si llevamos eso a la jugada de Díaz, por supuesto que eso es un error, porque –para ser sinceros- no creo que haya querido jugar para que no ganara su equipo. Eso lo podemos descartar de plano. En ese caso no se está plasmando algo inconsciente que gatilló otra cosa, eso era lo que tenía que suceder”, explicó.

“Hay quienes afirman que los goles perdidos también fueron errores, pero mal que mal los adversarios tenían el talento de llevar al equipo chileno a eso. No se estaban cometiendo errores deportivos frente a la nada, acá estaban luchando contra otros 11 jugadores que tenían –justamente- como objetivo aprovecharse de las oportunidades ofrecidas por el rival”.

“Cometer errores es propio de la naturaleza humana, estamos permanentemente propendiendo a equivocarnos y es una tremenda oportunidad de aprendizaje, siempre y cuando te hagas consciente de la equivocación”, precisa el psiquiatra.

“Por eso, se hace necesario identificar muy bien entre los errores conscientes e inconscientes y dentro de los primeros los que se pueden manejar y los que no. Esos tres tipos de errores no se pueden clasificar o encasillar de la misma manera. A veces, el error puede ser el vehículo elegido por una persona para expresar conflictos que no ha podido manifestar de otra manera. En ese caso ese “error”, para su aparato psíquico no los es tanto”.

Jung entrega herramientas para dar respuesta a la compleja psicología humana, por eso se ha transformado en un referente indiscutido del psicoanálisis contemporáneo. “Para él la única manera de ser feliz es integrando el consciente con el inconsciente. Y esa integración sólo se produce cuando le damos curso a nuestro fluir propio, a nuestro propio camino”, comenta el doctor Estay.

“Todos nos tenemos que expresar, desenvolver o brotar de una manera única. Es un proceso a lo largo de la vida. Es el camino de ir transformado el uno en uno mismo, de acuerdo a las propias características e individualidad. El self es lo más propio de uno, pero cuando aquello que nos rodea no nos ha facilitado las herramientas para desarrollarlo armónicamente, se manifiesta una especie de falso self. Mientras más uno viva con una identidad que no es la propia, más se está condenado a la neurosis. Lo que busca el self es incorporar la mayor cantidad de información inconsciente al yo. Jung le da al hombre las herramientas para decidir cuál es el camino propio y lo aleja del determinismo. Entonces el error fundamental de un ser humano es no brotar de forma natural, es apartarse más allá de lo necesario de aquello que es único para mí. Es no seguir su proceso de individuación”. 

“Por eso mientras más sano es un aparato psíquico, más herramientas psíquicas va a tener para darse cuenta y enmendar el rumbo. A veces, los pacientes intuyen cuáles son los problemas, pero espera el momento preciso y adecuado –el timing- para abrir una especie de “ventanita psíquica”, para que penetre ese conocimiento o revelación”.

El error es la herramienta de entrada para mejorar, para percibir aquello que está mal y para buscar los caminos y avanzar. Como ha señalado Humberto Maturana el derecho a equivocarse, el derecho a cometer errores debe formar parte de los derechos fundamentales de todo ser humano, porque permite la reflexión y el crecimiento.

Aceptar el error es el único camino para la liberación del ser humano y su integración armónica con la naturaleza. Equivocarse es salud. La pérdida del temor a fallar o fracasar puede conducir a la superación de limitaciones personales y colectivas. 

La belleza de la equivocación, permite reivindicar a la imperfección como motor de creación, porque como postula el mejor educador del mundo – Sir Ken Robinson- “si no estás preparado para equivocarte, nunca llegarás a nada original”.

Por Carolina Faraldo Portus

Mundo Médico

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