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24 Julio 2017

Cirugía de invasión mínima: de la refracción luminosa al holograma

Gracias a la rápida evolución de la ciencia y tecnología, este procedimiento quirúrgico, que ya era considerado de alta eficiencia, está alcanzando insospechadas fronteras.

En mayo de 2017 se realizó en Temuco (Región de la Araucanía, Chile) el II Simposio internacional de cirugía mínimamente invasiva, un encuentro que invitó a sus asistentes a profundizar en un campo calificado décadas atrás como medicina de ciencia ficción. Sin embargo, su desarrollo exponencial durante los últimos veinte años cambió sustancialmente esa percepción. Ahora, cualquier cuestionamiento sobre sus potencialidades es mirado con más dudas que certezas, porque sus proyecciones, gracias al apoyo tecnológico, son insospechadas.

La cirugía mínimamente invasiva tiene hoy un sitial de privilegio. Un estatus similar a otros grandes hitos de la medicina moderna, como la secuenciación del genoma humano, la investigación con células madre, la telemedina, la robótica y el diseño de terapias oncológicas personalizadas.

El doctor Edison Krause Arriagada, director de la actividad organizada por la Universidad de la Frontera, Clínica Alemana de Temuco, el Servicio Salud Araucanía Sur y la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología, comentó que “la cirugía de mínima invasión ha demostrado, desde hace mucho tiempo, sus evidentes ventajas sobre la vía tradicional, se ha ido masificando y mejora vertiginosamente con los avances tecnológicos en todas las áreas de la medicina. Hay especialidades como la cirugía vascular, cardiología y urología, donde la mayoría de sus procedimientos se hacen mediante mínimo acceso”.

Por ejemplo, agregó el facultativo, “la laparotomía ha ido cediendo terreno, en la medida que los médicos se capacitan y los pacientes son más exigentes. Ahora nadie aceptaría una colecistectomía abierta como primera opción. La apendicectomía vía laparoscópica está cambiando el paradigma mucho más rápido. En ginecología fuimos pioneros hace ya doscientos años con la cirugía por vía vaginal, el siglo pasado con la laparoscopía diagnóstica, y después vino la resolución de la patología anexial por esta vía, situación que se mantiene hasta hoy”.

Los primeros procedimientos de invasión mínima fueron descritos en el siglo X, cuando el médico árabe Abulcasis, mencionado frecuentemente como el “padre de la cirugía moderna”, utilizó la refracción de la luz para visualizar el cuello uterino de una paciente. Pero recién en los siglos XIX y XX las intervenciones de este tipo se desarrollaron formalmente y desde entonces han presentado una evolución vertiginosa, convirtiéndose en la técnica más eficiente para diversas disciplinas.

“Los intentos de realizar procedimientos mínimamente invasivos son tan antiguos como la historia misma de la medicina. Sin embargo, no fue hasta la Era Industrial cuando su desarrollo permitió su auge y la realización de técnicas quirúrgicas seguras. El advenimiento de la Era de la Información ha hecho de la cirugía de invasión mínima solo un eslabón evolutivo en el desarrollo de la cirugía actual”, sostienen los médicos Jorge Guerrero, Salvador Ortiz, Rafael Castillo y Carlos Salazar, en la Revista de Especialidades Médico Quirúrgicas (2014;19:375-386).

Si bien la historia de la cirugía de invasión mínima se encuentra llena de controversias y paradigmas, se considera que la laparoscopía moderna tiene su inicio en 1805, cuando el doctor alemán Philipp Bozzini (1773 - 1809) logró visualizar la uretra y la vejiga urinaria de un animal a través de un tubo y con la ayuda de una vela que reflejaba el rayo luminoso en un espejo, instrumento que llamó conductor de luz.

Actualmente, podemos definir la cirugía mínimamente invasiva (CMI) como el conjunto de técnicas diagnósticas y terapéuticas que por visión directa, o endoscópica, o por otras técnicas de imagen, utiliza vías naturales o mínimos abordajes para introducir herramientas y actuar en diferentes partes del cuerpo humano. Su gran ventaja es que puede ser aplicada en distintas especialidades médicas, ya que se trata de un concepto global que enmarca a casi todas las disciplinas médicas como la ginecología, urología, traumatología, cardiología, gastroenterología, plástica, vascular y neurología, entre otras.

Además, comprende una amplitud de técnicas incluyendo la endoscopía o la cirugía laparoscópica y percutánea. Estas aproximaciones terapéuticas son muy complementarias, y se están aplicando cada vez más de forma combinada para el tratamiento de casos individuales, ofreciendo así una serie de ventajas frente a la cirugía tradicional o abierta. ¿Cómo cuáles? menor dolor postoperatorio, recuperación acelerada, reducción de estancia hospitalaria, optimiza la función pulmonar, menor necesidad de rehabilitación cardíaca para pacientes hospitalizados, permite un alza en la calidad de vida de vida y resultados estéticos altamente mejorados.

Efectividad ampliada

En los tiempos que corren, toda disciplina, por más consolidada que se encuentre, vive en estado permanente de evolución. Una dinámica que exige a los profesionales que se desempeñan en este campo ser proactivos, capacitarse, tener una buena cuota de imaginación y visión de futuro. Aguardan nuevos conocimientos e innovadoras metodologías esperan ser implementadas. Y es que en paralelo la tecnología crece a gran velocidad y sus logros ya dejaron de tener solo el potencial de aplicabilidad terapéutica, pues son un hecho concreto.

Son múltiples los métodos tecnológicos que amplían la efectividad de la cirugía mínimamente invasiva. Es más, ya han traspasado la frontera de la capacidad humana, ya que la ingeniería robótica ha irrumpido con fuerza, así como técnicas de visualización basadas en la realidad virtual o manejo de grandes volúmenes de información (big data).

Para la Escuela de Medicina de la Universidad John Hopkins (Baltimore, Maryland, Estados Unidos) existen dos grandes tipos de cirugías mínimamente invasivas, dependiendo de “quién” las realice: hombre o robot. En el primer caso, hablamos de endoscopías, es decir, de la introducción de un tubo flexible con una cámara acoplada en el cuerpo a través de una mínima incisión. Aquí el cirujano contempla mediante un software de visualización de tres dimensiones el interior del cuerpo del paciente. La segunda alternativa, se refiere a la utilización de brazos robóticos con mayores capacidades de giro y precisión que las manos humanas.

“No hay que tener miedo a que el robot nos quite el trabajo. Lo que nos permite es ser mejores cirujanos. Los datos tecnológicos siempre van a tener que interpretarse desde e,l conocimiento del médico. Pero hay una evidencia: yo, como mucho, puedo girar mi muñeca 180 grados, el robot me permite girarla 360 grados”, explicó el doctor Manuel Maynar, jefe de la Unidad de Cirugía Mínimamente Invasiva del Grupo Hospiten y profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (España).

Una de las últimas innovaciones en este tipo de procedimientos es el ajuste automático de la mesa de operación. “En el pasado, si cambiabas de posición al paciente tenías que desconectarlo todo, colocar al paciente y reconectarlo todo. Si lo movías tres veces, perdías 20 minutos en cada ocasión, ahora es pulsar un interruptor y listo. Te salva una hora. El tiempo es dinero en la sala de operaciones. Es un tremendo salto adelante”, agregó el doctor Ranjodh Singh, especialista del Decatur Memorial Hospital (Estados Unidos).

En este escenario, la Unidad Cardiológica del Hospital Infantil Schneider dio un paso gigante. El recinto asistencial de Israel sorprendió al mundo al aplicar hologramas durante una operación mínimamente invasiva, manipulando de forma interactiva un corazón previamente escaneado, lo que representa una nueva etapa en la visualización en quirófano. Se trata de un proyecto que se ha propuesto combinar los beneficios de la operación a corazón abierto, donde el cirujano puede ver alrededor del órgano, con las técnicas mínimamente invasivas.  

El doctor Maynar y Yeray Cabrera, técnico de la Fundación Canaria Ágora, trabajan en una serie de iniciativas. Para ambos, una de los más relevantes es el perfeccionamiento de sistemas de simulación en realidad virtual para que los cirujanos en formación adquieran habilidades antes de enfrentarse a un paciente real. Mediante una aplicación (app), llamada Anatomyu, los profesionales pueden experimentar sin riesgos distintos procedimientos mínimamente invasivos. ¿Ha llegado la medicina del futuro? Juzgue usted.

Por Óscar Ferrari Gutiérrez

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