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22 Julio 2019

Un golpe a los organismos multirresistentes

En un escenario complejo para las ciencias biomédicas, marcado por la falta de resultados concretos, investigadores franceses anunciaron el descubrimiento de dos antibióticos capaces de eliminar bacterias Gram-positivas y negativas.

El problema está instalado hace varios años y la preocupación va en aumento, ya que los esfuerzos por revertir la resistencia a los antibióticos no están dando los resultados esperados. El consumo desmedido de estos fármacos tiene en estado de alerta no solo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), sino que a médicos, científicos e investigadores de todos los países.

“Existen bacterias que son prácticamente resistentes a todos los antibióticos disponibles y que han sido aprobados por la FDA para uso clínico. Si utilizamos antibióticos de mala manera, lo que estamos haciendo es presionar para seleccionar bacterias resistentes y eliminar parte de nuestra microbiota normal, que nos protege de bacterias patógenas”, comenta el doctor en ciencias Gerardo González Rocha, director del Laboratorio de Investigación en Agentes Antibacterianos (LIAA), perteneciente a la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Concepción (Chile).

Como él, muchos profesionales que se desempeñan en este campo se reunieron en el XXIX Congreso europeo de microbiología clínica y enfermedades infecciosas, realizado en Amsterdam (Países Bajos), donde el tema fue abordado con particular énfasis, debido al vertiginoso avance de la resistencia antimicrobiana. En el cónclave se revisó el estado del arte de nuevas investigaciones y la forma en que las bacterias resistentes y multirresistentes se están enfrentando a los antibióticos.

“Hay bacterias con resistencia extensiva que están circulando en los hospitales, resistentes a las terapias de última línea, utilizadas para tratar microorganismos que ya son resistentes a otros antibióticos. Es clave el empleo racional de estos agentes y que las personas que no tienen formación en el área biomédica comprendan la relevancia de su uso adecuado. Ellos deben saber que no es necesaria la prescripción para cualquier infección, ya que muchas de éstas, especialmente las que se presentan durante los meses de otoño e invierno, son virales y no requieren tratamiento”, agrega el experto, quien también integra el Núcleo Milenio para la Investigación Colaborativa en Resistencia Antimicrobiana (MICROB-R).

Sin lugar a dudas, el hallazgo de los antimicrobianos cambió el curso de la historia de la medicina. Del descubrimiento de la penicilina en 1928 por el bacteriólogo británico y Premio Nobel Alexander Fleming y el posterior auge de los antibióticos en la década de 1950, se avanzó sin control hacia la dependencia excesiva de estos fármacos, mal uso que incluso se extendió a la agricultura y la ganadería.

Actualmente, la amplia difusión de microorganismos multirresistentes pone en riesgo todos los logros en esta materia, al punto que para la OMS la resistencia antimicrobiana es una de las tres amenazas de salud pública más importantes del siglo XXI.

A diario surgen nuevos mecanismos de resistencia, mientras que infecciones como la neumonía, tuberculosis, septicemia, gonorrea y enfermedades transmitidas por alimentos son cada vez más difíciles de tratar, a medida que los antibióticos de última línea van perdiendo eficacia. 

Las bacterias letales resistentes a la penicilina o a los más de 100 antibióticos diferentes que se han desarrollado, ya están matando a cerca de 700 mil personas cada año. Peor aún, si no se consigue quebrar esta tendencia, las proyecciones para 2050 son de 10 millones de muertes.

Es aquí donde la ciencia biomédica tiene un papel determinante. Pero para tener éxito, aunque juegue en contra, el tiempo es fundamental. El camino para llegar a medicinas clínicamente aprobadas es necesariamente largo y la tasa de fracasos es alta. Desde la investigación básica para identificar microorganismos que producen sustancias antibióticas, hasta los ensayos clínicos y posterior producción de fármacos, perfectamente pueden transcurrir dos décadas.

Pese a este complejo escenario, la esperanza no se ha perdido. Es más, un reciente anuncio la ha reforzado. Se trata del trabajo de un grupo de científicos de la Universidad de Rennes (Francia), que descubrió dos nuevos antibióticos que no generan resistencia.

El estudio europeo, publicado en la revista Plos Biology (doi.org/10.1371/journal.pbio.3000337), se basó en el uso de la estructura de la toxina bacteriana PepA1 (secretada por Staphylococcus aureus) como modelo para generar dos compuestos capaces de eliminar bacterias multirresistentes.

“PepA1 resulta de especial interés, ya que no solo degrada las membranas de las células huésped infectadas, sino también las bacterianas. No obstante, su toxicidad limita las aplicaciones terapéuticas de la molécula, por lo que la modificamos con el objeto de reducir ese efecto indeseado, pero sin perder la acción bactericida”, explica Brice Felden, líder del equipo y experto en genética, microbiología y biología molecular. Así se obtuvieron cuatro proteínas, también conocidas como peptidomiméticos, cuya eficacia fue puesta a prueba en muestras humanas y modelos animales.

En muestras de sangre, orina y mucosa nasal infectadas por múltiples cepas bacterianas de Staphylococcus aureus resistentes, los cuatro compuestos mostraron actividad antibacteriana parecida. Además, tras cultivar y tratar los fluidos durante dos semanas, las bacterias no desarrollaron resistencia a las proteínas sintéticas. “El tratamiento de infecciones cutáneas y sistémicas en ratones aportó datos similares, en cuanto a acción bactericida y ausencia de resistencia. En ambos modelos de estudio, las concentraciones utilizadas no provocaron efectos adversos”, destaca.

Tras los buenos resultados obtenidos en el caso de las bacterias Gram-positivas Staphylococcus aureus, los autores infectaron la piel y flujo sanguíneo de los roedores con Pseudomonas aeruginosa, una especie Gram-negativa. Sin embargo, en este modelo, solo dos de los compuestos fueron eficaces contra los patógenos.

“Nuestros péptidos sintéticos, especialmente los dos capaces de eliminar tanto los microrganismos Gram-positivos como los Gram-negativos, pueden llegar a constituirse en una importante herramienta en la lucha contra la resistencia antibiótica”, finaliza Felden.  El próximo paso es realizar un ensayo clínico de fase I con voluntarios humanos para evaluar la seguridad de esta terapia.

En esta dura pelea, insospechada hace 70 años cuando el uso de los antibióticos no representaba riesgos, la ciencia biomédica al parecer se queda con un round. La batalla continua y a la espera de su desenlace, la responsabilidad y racionalidad en el empleo adecuado de estos agentes pueden sumar puntos claves para quedarse con la victoria.

Por Óscar Ferrari Gutiérrez

Mundo Médico

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