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02 Septiembre 2019

Ritmo contra la enfermedad de Parkinson

La música se está utilizando como agente rehabilitador a la hora de estimular la corteza motora. Esta intervención no farmacológica está ayudando a mejorar el movimiento en personas con trastornos motores.

La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurodegenerativo crónico, de lenta progresión que afecta a las células que están en la sustancia negra de los ganglios basales, relacionadas con el control de la función motora, no así con la cognitiva. 

Las neuronas de la sustancia negra de los sujetos con esta patología mueren antes de tiempo sin ser sustituidas por otras nuevas. Cuando desaparece entre el 50% a 60% de estas células, se hacen evidentes sus primeros síntomas: temblores, rigidez, dificultad para la marcha y mantenimiento de la postura.

Si bien se ha avanzado en el conocimiento sobre su génesis y proyección, la causa exacta de la destrucción de las neuronas dopaminérgicas es desconocida, pero se cree que es consecuencia de una combinación de factores genéticos, ambientales y del envejecimiento, como en la mayoría de las enfermedades crónicas.

Afecta a una de cada 100 personas mayores de 60 años. Actualmente, existen cerca de siete millones de pacientes con esta enfermedad en el mundo y según la Organización Mundial de la Salud, esta cifra aumentará a más de 12 millones en 2030, debido al envejecimiento de la población. 

No existe un marcador biológico o un valor en análisis de sangre que permita detectarla con certeza y rapidez. Su diagnóstico es eminentemente clínico sustentado en la exploración física y neurológica de la persona y en la presencia de determinados síntomas como lentitud involuntaria y torpeza de los movimientos corporales, temblor de reposo y rigidez, signos disautonómicos, apatía y deterioro cognitivo.

La pérdida de automaticidad y ritmicidad de los movimientos en estos pacientes se ha correlacionado con la presencia de diferentes anormalidades en la marcha, que incluyen pasos aleatorios, fallas de inicio y congelamiento de ésta, eventos que pueden depender del deterioro de los mecanismos cerebrales que generan un ritmo de caminata regular debido, posiblemente, a niveles deficientes de dopamina dentro del circuito cortico-estriatal (DOI.10.1186/s12984-019-0533-9).

Estos trastornos junto con los de equilibrio son desafíos terapéuticos importantes en la EP, ya que impactan fuertemente las actividades de la vida diaria -afectan la movilidad, limitan la independencia- y son una carga económica creciente para el sistema de atención de salud.

Desafortunadamente, responden mal a la terapia de reemplazo de dopamina a largo plazo. Por lo tanto, se están explorado cada vez más intervenciones no farmacológicas adicionales para mejorar la marcha como la estimulación auditiva rítmica, que podría compensar la pérdida de movimientos automáticos y rítmicos en pacientes con EP. 

A pesar de su aparente simplicidad, la capacidad de moverse al ritmo de la música implica una compleja trama de regiones cerebrales. Estas subyacen a la percepción del ritmo y la duración, la planificación y el control del movimiento, así como a los procesos de integración que cierran la brecha entre la percepción y la acción. 

Esto porque los seres humanos sincronizan sus movimientos con señales rítmicas externas a través de un proceso de sincronización interno innato, una especie de “arrastre rítmico”, que involucra diferentes redes frontoparietales, incluidas las áreas auditivas, premotoras y motoras, que están conectadas a través de redes complejas de los ganglios basales. 

Esta observación llevó a la doctora Sonja Kotz, profesora de neuropsicología y neurociencia cognitiva traslacional de la Universidad de Maastricht en los Países Bajos y su equipo de investigación a pensar que la música, podría usarse como una herramienta para la reeducación del movimiento en personas con trastornos motores (DOI: 10.1038/srep42005).

“Las señales auditivas temporalmente predecibles tienen un efecto beneficioso inmediato sobre la marcha, al aumentar la velocidad, la longitud del paso y mejorar la simetría y la estabilidad. Los beneficios pueden generalizarse a la marcha sin señales después de un extenso período de entrenamiento con señales auditivas, ayudando a una mayor movilidad, una mejor calidad de vida y una reducción de los episodios de congelamiento durante el movimiento”. 

“Además, existe evidencia de que las señales musicales pueden ser más eficientes que una simple estimulación de metrónomo, que se usa con frecuencia en la investigación y la práctica clínica. Hasta ahora, la estimulación auditiva con música se había evaluado solo en unos pocos ensayos clínicos aleatorios”.

La terapia de entrenamiento múltiple desarrollada por Kotz, junto a un equipo interdisciplinario de expertos, hace coincidir la velocidad de marcha de los pacientes con una audición constante de ritmo, generando un efecto inmediato que facilita el inicio y la continuación de la acción de caminar. 

De paso por Sudamérica y como parte de un proyecto de investigación de la Escuela de Ingeniería Civil Biomédica de la Universidad de Valparaíso de Chile, la especialista explicó que sus experiencias “han demostrado que la forma de entrenamiento de los pacientes con un estímulo predecible en su estructura temporal, como la música, los ayuda a mejorar no solo la marcha al caminar, sino que también la forma de pensamiento, cognición, sistema de atención, memoria e interacción social”.

La investigadora asegura que “la ventaja de la música es que uno puede vivir con ella, para la mayoría de las personas es un estímulo agradable, fácil de internalizar y que no interfiere en sus vidas, muy distinto a cuando se instalan electrodos en el cuerpo. La enfermedad de Parkinson ya no es una patología del envejecimiento, está cada vez más presente en jóvenes, por lo que se vuelve relevante usar melodías, buscando el ritmo más adecuado para esa intervención”.

“La tendencia actual, comentó, es personalizar la medicina, por lo que sería genial predecir qué pacientes pueden verse beneficiados por esa forma de intervención. Si utilizan música que les gusta, sería más fácil obtener mayores beneficios. Originalmente, se usaba música de bandas de marcha, pero a los jóvenes no les gustaba, preferían el tecno. Cuando nos dimos cuenta que era el mismo ritmo, comenzamos a utilizarlo con buenos resultados. Si da la misma frecuencia no importa qué tipo de música sea, lo importante es que les guste y la disfruten, porque motiva el movimiento, especialmente, en el caso del Parkinson”.

Si bien este efecto es muy variable entre los pacientes, porque depende de la capacidad de la persona para sincronizar sus movimientos a un ritmo, el uso del sonido y la música como abordaje terapéutico podría ser un avance prometedor y efectivo para la rehabilitación de las funciones motoras no solo en individuos con párkinson, sino también en aquellos que han sufrido, por ejemplo, un accidente cerebrovascular. 

Por Carolina Faraldo Portus

Mundo Médico

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