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31 Mayo 2021

Pausa digital postpandemia

Equilibrar las interacciones presenciales y virtuales es fundamental para la salud física y emocional. Tras la crisis, se espera un éxodo de usuarios desde estas plataformas.

Cuando el mundo sufría las consecuencias de las primeras olas de la pandemia por SARS-CoV-2, los recursos digitales mostraban sus beneficios y los usuarios se multiplicaban. Según las proyecciones iniciales, el trabajo a distancia, reuniones online, clases virtuales y la telemedicina, de gran importancia en periodos de confinamiento, se instalarían definitivamente en la llamada “nueva normalidad”. Sin embargo, su uso excesivo y el impacto en ámbitos específicos, como la salud y educación, plantean un escenario incierto.

Pese a que distintos organismos y expertos advierten que está lejos de terminar, el avance de la vacunación impulsa la reactivación de las ciudades y en la población crece la esperanza de dejar la pandemia atrás. Aunque aún se ve distante, existe la percepción, equivocada o no, de que ese momento se acerca. 

¿Cómo será la vida una vez finalizada la crisis? Pregunta difícil de responder, al menos desde una perspectiva digital. Más allá de los inconvenientes que acarreó su implementación y la falta de acceso para determinados grupos, los mecanismos de comunicación virtual contribuyen a mantener la productividad y el contacto social, sin riesgo de contagio. 

Entre enero y abril de 2020 los usuarios pasaron de 10 a 300 millones y las empresas que proporcionan estos servicios adelantan un aumento exponencial, junto con la incorporación de herramientas, incluso tridimensionales, que mejorarán la experiencia y resultados. Especialistas en el área creen que estas plataformas seguirán desarrollándose con fuerza, pero el agotamiento e impacto sobre la salud mental de quienes las utilizan con mayor frecuencia [1] podrían conducir a una realidad diferente o una desconexión temporal.

De acuerdo con una encuesta desarrollada por la consultora McKinsey & Company, que consideró a 20 mil europeos entre 18 y 85 años, el desconfinamiento provocaría un éxodo de estas plataformas y métodos de interacción.

En sus resultados, se detalla que 80% de los adultos con acceso a Internet utilizó estos servicios en los últimos seis meses y la mayoría de las industrias experimentaron un crecimiento en usuarios totalmente digitales, llegando a 84 millones. Sin embargo, hasta 80 millones de ellos podrían disminuir su actividad en línea, retomando rutinas prepandémicas, como hacer reuniones y gestiones bancarias presenciales o ver una película en el cine y no en un dispositivo móvil.

“Esto es producto del exceso digital, que convierte la experiencia en algo monótono y agotador. Como mecanismo de supervivencia, el ser humano busca adaptarse a la adversidad, pero muchas personas volverán al estado inicial por comodidad o porque realmente no interiorizan este nuevo hábito”, explica Enric Valls, psicólogo de la Universidad Católica de Valencia, España.

“Este éxodo llevará al equilibrio. Los usuarios buscarán optimizar el tiempo que destinan a la virtualidad y serán más exigentes con el servicio”, concluyen sus autores, para quienes la tecnología debe contribuir al desarrollo personal y no convertirse en una carga, estableciendo límites para su adecuado uso, vale decir, alcanzar el bienestar digital.

En este sentido, es clave determinar con precisión cómo se siente un individuo tras interactuar presencialmente o a distancia con sus pares y de qué forma varían las experiencias afectivas dependiendo de la forma de contacto.

Investigaciones han identificado una variedad de características positivas en las interacciones humanas, pero muchas de ellas son difíciles de recrear en entornos digitales, aspecto que profundiza un estudio realizado por Kate Petrova y Marc Schulz, académicos del Departamento de Psicología del Bryn Mawr College, Estados Unidos [2].

“Las personas se sienten más solas y tristes, menos conectadas y apoyadas, siguiendo interacciones digitales en comparación con las presenciales. Comprender las consecuencias a largo plazo de trasladar las relaciones sociales y laborales al mundo digital es un desafío y una tarea prioritaria”, afirman.

Las consecuencias inmediatas de la comunicación digital sobre las experiencias afectivas pueden parecer intrascendentes, sin embargo, a medida que las personas llevan cada vez más sus actividades diarias a este espacio se genera un efecto acumulativo, vulnerando al ser humano en múltiples dimensiones.

“Los poderosos momentos de conexión que se tejen en la trama de la vida cotidiana son fundamentales para el bienestar social y emocional. Debemos recuperarlos”, enfatizan los psicólogos frente a una virtualidad que debe perfeccionarse para aspirar a su consolidación.

Referencias
[1] Bailenson, J. N. (2021). Nonverbal overload: A theoretical argument for the causes of Zoom fatigue. Technology, Mind, and Behavior, 2(1).
[2] Petrova, K., & Schulz, M. (2021, April 2). Emotional experiences in digitally mediated and in-person interactions: An experience-sampling study. DOI: 10.31234/osf.io/2teu5

Por Óscar Ferrari Gutiérrez

Mundo Médico

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