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24 Mayo 2021

Las interrogantes de la inmunidad colectiva

La efectividad de las vacunas es clave para controlar la propagación de una enfermedad infecciosa, sin embargo, para alcanzar la protección comunitaria deben converger otros factores.

Pese a que muchos países avanzan en sus procesos de inoculación contra el SARS-CoV-2, la OMS advierte que la inmunidad colectiva no se logrará durante 2021, llamando a mantener las medidas de prevención.

“Quienes creen que lo peor pasó, se equivocan. Celebro los progresos de la ciencia, que llevan al desarrollo de numerosas vacunas, pero producir las dosis y administrarlas a toda la población es un proceso largo. Debemos ser pacientes y no descuidarnos”, comenta la doctora Soumya Swaminathan, líder del equipo de científicos del organismo internacional.

La inmunidad colectiva, término acuñado en 1923 por los bacteriólogos británicos William Topley y Graham Wilson, es la resistencia a la propagación de una enfermedad infecciosa dentro de una comunidad y se basa en la protección preexistente de alta proporción de individuos como resultado de una infección o terapia previa.

En las patologías que se transmiten entre personas, esta cadena se rompe cuando se alcanza un alto grado de inmunidad grupal. Mientras mayor es la proporción de individuos en esta condición, menor es la probabilidad de que alguien susceptible entre en contacto con el virus. “Es un fenómeno bioestadístico que interrumpe la cadena epidemiológica, provocando una forma indirecta de inmunidad, previniendo que personas no inmunizadas o susceptibles se contagien” [1].

El porcentaje para alcanzarla es variable. En el caso del sarampión es necesario vacunar a aproximadamente 95% de una población, mientras que en la poliomielitis se debe superar el 80%. “Los individuos vacunados o infectados previamente actúan como una especie de cortafuegos para la diseminación de la enfermedad, ralentizando o evitando la transmisión” [2].

Se desconoce la proporción que debe ser inoculada para abordar la COVID-19. “Determinarlo es un tema de investigación fundamental y es posible que se llegue a distintas conclusiones en función de la comunidad objeto de estudio, la vacuna utilizada y los grupos demográficos a los que se les haya administrado con carácter prioritario, entre otros factores”, sostiene la Organización Mundial de la Salud.

Para conseguir la inmunidad específica contra el SARS-CoV-2, el número básico reproductivo o R0 (cantidad de contagios que una persona infectada puede provocar o número de casos secundarios que cada primario genera en promedio) debe ser menos de uno.

El indicador, utilizado en la descripción de las pandemias por SARS (2003) y H1N1 (2009), permite identificar la probabilidad de trasmisión de una determinada infección. “Si el valor del R0 calculado es inferior a uno, su capacidad de extensión es escasa; si lo supera, se deben reforzar las medidas sanitarias” [3].

El punto en el que la proporción de individuos susceptibles en una población cae por debajo del umbral necesario para la transmisión, se define por la fórmula 1 – 1/R0, “lo que implica que mientras más transmisible es un agente patógeno, mayor será la proporción de personas que deberá ser inmune para bloquear la transmisión sostenida” [4].

De acuerdo con el doctor Mario Fontán Vela, integrante del Grupo de Investigación en Salud Pública y Epidemiología de la Universidad de Alcalá (España), la idea de que se requiere alcanzar inmunidad de 70% de la población para frenar la transmisión del SARS-CoV-2 surge de estimar para el virus un número básico reproductivo de 3 (2,5 a 3,5) y aplicar la fórmula 1 – 1/R0, implicando que 67% de la población debería estar inmunizada. “Como la efectividad de las vacunas no es de 100%, eso supone mayor proporción de personas que deberían completar el esquema. Los modelos cifran ese umbral entre 60% y 80%”.

Los números básicos reproductivo y efectivo o Re (medida de las personas que se infectan cuando ya hay inmunizados o se adoptaron medidas de contención) pueden variar por factores como el distanciamiento social, estructura demográfica, nuevas cepas circulantes, nivel de sociabilización entre grupos de la población y las interacciones entre diferentes territorios.

“Llegaremos a la inmunidad colectiva cuando tengamos suficientes dosis de vacunas, pero es difícil predecir cuántas personas deben estar inoculadas en cada nación. Lo sabremos cuando prácticamente no haya infecciones nuevas y esto permanezca así”, asegura la doctora Carissa F. Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud. Esto porque el umbral de inmunidad de grupo, principalmente basado en modelos poblacionales homogéneos, se distribuye de forma heterogénea y puede ser disímil entre países e incluso regiones internas.

Según Zoë Hyde, epidemióloga y bioestadística de la Universidad de Australia Occidental, para un número básico reproductivo de 2,5 se necesita inmunizar a casi 100% de la población con una vacuna que tenga efectividad de 62%, pero podría ser suficiente con 63% de cobertura si se usa una con eficacia de 95%.

“Incluso con un número básico efectivo tan bajo como 0,99 se requiere inmunidad de grupo de 60% a 72% para cortar la cadena de transmisión, lo que implica que de 63% a 76% de la población debería recibir una vacuna con efectividad de 95% o de 84% a 90% si se quiere un margen de seguridad adecuado”, complementa Kamran Kadkhoda, inmunopatólogo de Cleveland Clinic, en Estados Unidos.

La comunidad científica no tiene una visión uniforme. Algunos especialistas creen que la inmunidad colectiva no se logrará con el SARS-CoV-2 y el virus se volverá endémico como la influenza o resfriado común. 

“La inmunidad de grupo inducida por vacunas será de mucha ayuda, pero insuficiente por sí sola para liberarse del SARS-CoV-2 en aquellas regiones donde se haya establecido. Todo dependerá de la duración de la protección y la habilidad de los países para prevenir la importación del virus e identificar y controlar los brotes rápidamente”, afirma Thomas Pennington, profesor emérito de bacteriología de la Universidad de Aberdeen (Escocia).

Un artículo que publica la revista Nature [5] aborda la necesidad de otorgarle el valor adecuado a otros factores que convergen hacia el objetivo sanitario, enfatizando en un enfoque que considere todos los condicionantes y que mire con mayor cautela el proceso de vacunación.

Sus autores plantean que las vacunas disponibles, pese a tener una alta efectividad en la prevención de los síntomas de la COVID-19, no evitan la infección. “Aún no existen evidencias suficientes que prueben lo contrario. Según los datos actuales, la infección es capaz de persistir y las cadenas de transmisión continuarían intactas”.

También se profundiza en un proceso global de inoculación caracterizado por su desigualdad. “La destrucción del virus, de modo teórico, solo sería posible con un plan de vacunación universal justo y sin exclusiones sociales ni económicas. Los Estados, preocupados por inmunizar y proteger a sus propias poblaciones, están muy lejos de implementar una estrategia que vaya más allá de sus fronteras”, contextualiza Matt Ferrari, epidemiólogo del Centro de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Pennsylvania.

La falta de cobertura para niños y adolescentes, junto con la irrupción de nuevas cepas, más contagiosas y agresivas, y la escasa evidencia sobre la duración del efecto inmunizador de las vacunas, sugieren un escenario incierto.

Por último, en paralelo al avance de la vacunación, se produciría un relajo en el autocuidado y restricciones sanitarias, como reuniones limitadas, uso de mascarilla y distanciamiento social. “Será necesario continuar con las medidas de prevención ya conocidas mientras el proceso no se extienda a la mayoría de la población”, adelanta Samuel Scarpino, profesor asistente de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Northeastern (Estados Unidos). El debate sigue abierto y solo el tiempo responderá las interrogantes.

Referencias
[1] John TJ, Samuel R. Herd immunity and herd effect: new insights and definitions. Eur J Epidemiol. 2000;16(7):601-6.
[2] Fine PE. Herd immunity: history, theory, practice. Epidemiol Rev. 1993;15(2):265-302.
[3] Ridenhour B, Kowalik JM, Shay DK. Unraveling R₀: considerations for public health applications. Rev Panam Salud Publica. 2015 Aug;38(2):167-76.
[4] Randolph HE, Barreiro LB. Herd Immunity: Understanding COVID-19. Immunity. 2020 May 19;52(5):737-741.
[5] Aschwanden C. The false promise of herd immunity for COVID-19. Nature. 2020 Nov;587(7832):26-28.

Por Óscar Ferrari Gutiérrez

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