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16 Septiembre 2019

Hanta: innovación en tiempos de cambio

El calentamiento global ha modificado el escenario epidemiológico, imponiendo nuevos desafíos en salud. Ocurre con el Hantavirus que amenaza con vulnerar sus fronteras naturales, sin embargo, una vacuna podría detenerlo.

En septiembre de 2016, entomólogos del Servicio de Salud Pública de Inglaterra encontraron en Folkestone, ciudad costera ubicada al sureste del país, 37 huevos de Aedes albopictus o mosquito tigre. Nunca antes se había detectado la presencia en suelo británico del insecto, vector transmisor de enfermedades como el dengue, la fiebre chikungunya y el virus Zika.

Aunque los científicos no descubrieron ejemplares adultos, sí concluyeron que su inédita aparición en esta zona del continente europeo se explicaría por el cambio climático, fenómeno que podría estar propiciando condiciones adecuadas para el establecimiento del mosquito en Inglaterra, una posibilidad que genera preocupación en las autoridades sanitarias debido a los riesgos de brotes infecciosos jamás vistos en esas latitudes.

La teoría no es nueva. De hecho, investigadores de todo el mundo aseguran que el calentamiento global está alterando los patrones de distribución, conducta e incluso la genética de varias especies. Estos cambios del ecosistema han generado desplazamiento de personas y animales, configurando un escenario epidemiológico de complejo control.

“El cambio climático está perturbando los ecosistemas naturales, de manera que se propician las condiciones para las enfermedades infecciosas; por lo tanto, este problema no solo implica un planeta más caliente, sino también, un mundo más enfermo”, planteó en 2005 la Asamblea Mundial de la Salud.

El calentamiento global también ha golpeado con fuerza a Latinoamérica. En 2018, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas expresaron su preocupación por la grave sequía que afecta a países como Argentina, Brasil, Guatemala, El Salvador y Honduras, incluso este último decretó el 5 de septiembre de 2019 emergencia nacional por escasez de agua.

En Chile la situación no es distinta. Es más, existe un factor que incrementa la preocupación. A las pérdidas de cosechas de grandes y pequeños agricultores, lo cual conlleva menor disposición de alimentos y alza de precios, se agrega otro problema: Hantavirus.

Autoridades sanitarias advirtieron que la ausencia de lluvias que se arrastra ya por varios años y las altas temperaturas que se esperan en la zona centro-sur del país a partir de la primavera provocarían que los roedores portadores del virus, de la especie Oligorizomys longicaudatus, emigren desde su hábitat a otras zonas silvestres e incluso a sectores rurales cercanos a poblaciones o ciudades. Según plantean, no hay certeza de que ocurrirá, sin embargo, existe la posibilidad real de un desplazamiento del roedor hacia lugares de transición entre lo rural y urbano, en busca de alimento y agua.

Frente a esta situación, atribuida al cambio climático, el Ministerio de Salud decidió adelantar una campaña de prevención, con el fin de evitar un aumento de los contagios. Desde enero a septiembre de 2019 se han diagnosticado 55 casos, 12 de ellos con consecuencias fatales. En igual periodo de 2018, se registraban 44 personas infectadas, por lo tanto, el alza llega al 25%.

Mientras se diseñan e implementan estrategias de control infeccioso, recientemente se dio a conocer una noticia que imprime esperanza a un escenario por ahora poco auspicioso.

Investigadores del Centro de Biotecnología y Medicina de la Universidad de Concepción (Chile) elaboraron el prototipo de una vacuna contra el Hantavirus. Ya se realizaron ensayos en modelos animales y, como siguiente paso, se proyecta una prueba en humanos a mediados de 2020. 

“Inoculamos a 10 hámsteres sirios porque son el modelo animal del síndrome cardiopulmonar causado por el virus. Es decir, cuando este roedor es expuesto manifiesta el síndrome de forma muy similar a una persona”, explica Francisca Starck, investigadora principal del proyecto.

“La idea fue conocer si estos hámsteres generaban o no una respuesta inmune contra los antígenos que contiene la vacuna, y el resultado fue positivo, lo que significa que la vacuna debería protegerlos si es que se llegaran a infectar con el virus”. Así se concluyó tras la evaluación de las células del plasma y suero de la sangre de los roedores. 

El síndrome cardiopulmonar por Hantavirus es una enfermedad infecciosa aguda, habitualmente grave, que puede ser mortal. Su sintomatología es fiebre alta, dificultad respiratoria, escalofríos, cefalea, dolores osteomusculares y molestias gastrointestinales.

Actualmente, no se cuenta con vacuna ni tampoco un tratamiento específico para la cepa Andes, la más agresiva y también presente en Argentina. Su letalidad promedio en los últimos 5 años es de 30%, realidad que podría cambiar si esta investigación prospera. “Hemos demostrado en modelos animales que funciona y que induce a una muy potente respuesta inmune, y que en consecuencia tiene todas las potencialidades para ser una vacuna que proteja contra el síndrome cardiopulmonar provocado por el Hantavirus. Y eso no existe en el mundo”, subraya Oliberto Sánchez, microbiólogo, doctor en ciencias biológicas, profesor asociado de la Universidad de Concepción y fundador del Centro de Biotecnología y Biomedicina.

“Ahora tenemos que comprobar que la vacuna se puede producir bajo condiciones de buenas prácticas de manufactura. Tenemos que demostrar que es absolutamente inocua, que responde todas las pruebas de toxicidad, y ese es un proceso en el que ya estamos trabajando y en el que estaremos abocados durante los próximos meses”.

La vacuna se logró luego que el equipo de investigación identificara los genes codificantes de las proteínas de superficie del virus. Con esta información trabajaron en el desarrollo de genes optimizados para introducirlos en levadura (Pichia pastoris). “De esa manera la dotamos con la capacidad de producir los antígenos”.

Francisca Starck detalla que “usamos dos proteínas, Gn y Gc, que están sobre la superficie del virus, para producir los antígenos. Las escogimos porque estudios previos demostraron que sobrevivientes del Hantavirus generaban más anticuerpos contra esas proteínas. Como no es posible manipular el virus en Chile debido a regulaciones derivadas de los riesgos asociados, adaptamos la secuencia genética de esas proteínas para producirlas en levadura. Luego purificamos los antígenos para elaborar la formulación vacunal”.

Si bien existen otras vacunas desarrollándose en el mundo, el trabajo de los científicos chilenos se perfila como una sólida alternativa. Sin embargo, para instalarse con propiedad y aspirar a su comercialización aún debe sortear varias etapas que incluyen exigentes ensayos clínicos. 

De un modo u otro, la investigación no solo cobra valor en sí misma, sino que también refleja la capacidad de la ciencia y medicina de buscar soluciones innovadoras a amenazas sanitarias propias de nuevos escenarios epidemiológicos a nivel global.

Por Óscar Ferrari Gutiérrez

Mundo Médico

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