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05 Diciembre 2022

Enfrentando las marcas en salud mental

Quienes cursan enfermedades mentales no solo deben asumir sus consecuencias, sino también la discriminación de la sociedad. Revertir este problema es clave para mejorar la atención y calidad de vida de los pacientes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el estigma o conjunto de creencias negativas -con frecuencia injustas e inexactas, que la sociedad relaciona con determinadas circunstancias, cualidades e individuos- es el mayor obstáculo de las personas que buscan tratamiento psiquiátrico.

En su Informe Mundial sobre la Salud Mental [1], la entidad asegura que el sesgo, discriminación y violación de los derechos humanos están muy extendidos en la comunidad y sistemas de atención. “Estas actitudes y prejuicios llevan a la desvalorización, desacreditación y desfavorecimiento de quienes padecen enfermedades mentales”.

En 2019, casi mil millones de personas -14% niñas, niños y adolescentes- sufrían estos trastornos, que además son una importante causa de discapacidad. En sus formas graves provocan que los afectados fallezcan como promedio entre 10 y 20 años antes que la población general. Para el psiquiatra Adalberto Campo Arias, integrante del Instituto de Investigación del Comportamiento Humano de Colombia, “esta marca representa una barrera sociocultural para acceder a los servicios clínicos e impide que hombres y mujeres, que cumplen criterios de atención, reciban un abordaje integral y multidisciplinario” [2].

Sin intención

Distintos estudios muestran que esta condición se clasifica en social, propia e institucional [3] dificultando el inicio de tratamientos y perjudicando su adherencia. De acuerdo con Sandra Saldivia Bórquez, profesora titular del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Universidad de Concepción de Chile, “además disminuye el estatus, baja la autoestima y empobrece los vínculos sociales, lo que a su vez influye en las oportunidades de empleo, acceso y uso de los servicios sanitarios, en la sintomatología, aumenta el riesgo de hospitalizaciones e incide en el curso de la enfermedad. Todo esto provoca una sensación de inferioridad, vergüenza y miedo a generar respuestas negativas en los demás, lo que es la base del llamado autoestigma” [4].

Académicos de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) se propusieron cuantificar la realidad española. Un estudio que encuestó a 2.775 habitantes concluye que, aproximadamente la mitad de la población, reconoce no tener intenciones de iniciar relaciones con personas que padecen un trastorno mental y dos de cada tres prefieren no convivir con ellas [5].

“La terminología empleada para referirse a estos individuos -locos, zumbados o enfermos- dan cuenta de las tendencias estigmatizantes presentes en el país y ponen de manifiesto la necesidad de diseñar programas de trabajo y políticas de Estado que aborden y den solución a este problema”, comenta Manuel Muñoz López, profesor de evaluación y diagnóstico psicológico UCM y director de la investigación.

Diagnóstico y oportunidades

Especialistas coinciden en que la percepción que tiene la sociedad sobre la patología mental, generalmente, está basada solo en prejuicios sesgados por el desconocimiento y desinformación. En ese sentido, los esfuerzos deben centrarse en educar y reconocer que las personas afectadas, si mantienen su condición bajo tratamiento, pueden llevar una vida normal, integrarse en la comunidad, estudiar, trabajar y relacionarse [6].

“Todos los países tienen oportunidades sobradas de progresar correctamente hacia una mejor salud mental, ya sea formulando políticas más sólidas, fortaleciendo los servicios comunitarios, difundiendo su importancia a nivel educativo y generando estrategias para evitar el estigma y discriminación en la atención clínica”, asegura Dévora Kestel, directora del Departamento de Salud Mental y Consumo de Sustancias de la OMS.

Una de las estrategias de intervención son los programas de empoderamiento personal diseñados en conjunto por profesionales y expacientes, los que buscan estimular la autovalencia como factor relevante en los procesos de rehabilitación [7]. Este enfoque aumenta el deseo de informarse y agruparse con otros individuos con la misma condición, además de favorecer la adherencia terapéutica [8]. También reporta beneficios la terapia cognitivo conductual al fortalecer la autoestima, autoeficacia y el bienestar subjetivo, además de disminuir las creencias negativas asociadas a la enfermedad [9].

Desarrollar líneas de investigación para caracterizar y evaluar los diversos tipos de estigma, junto con promover intervenciones socioculturalmente adaptadas a cada territorio son parte de las propuestas. En relación con los profesionales de la salud es clave que asuman un rol de agente desestigmatizador participando en programas que promuevan la cercanía y apoyo constante a los pacientes y familiares.

Se requiere mayor investigación y el diseño de políticas públicas y nuevas estrategias que aborden todas las dimensiones del estigma. La disminución de este fenómeno promoverá una atención temprana, la evolución y pronóstico serán más favorables, mejorará la calidad de vida del paciente y se construirá una sociedad más justa e inclusiva.

Referencias
[1] Informe mundial sobre la salud mental: Transformar la salud mental para todos. https://www.who.int/teams/mental-health-and-substance-use/world-mental-health-report
[2] Campo-Arias A, Oviedo HC, Herazo E. Estigma: barrera de acceso a servicios en salud mental [Stigma: Barrier to Access to Mental Health Services]. Rev Colomb Psiquiatr. 2014 Jul-Sep;43(3):162-7. Spanish.
[3] Muñoz M, Pérez Santos E, Crespo M, Guillén A. Estigma y enfermedad mental. Análisis del rechazo social que sufren las personas con enfermedad mental. Madrid: Ed. Complutense; 2009.
[4] Estigma y diagnóstico psiquiátrico. http://www.psiquiatriaysaludmental.udec.cl/estigma-y-diagnostico-psiquiatrico/
[5] Estudio nacional sobre estigma. https://www.contraelestigma.com/estudio-estigma/
[6] Schomerus G, Schwahn C, Holzinger A, Corrigan PW, et al. Evolution of public attitudes about mental illness: a systematic review and meta-analysis. Acta Psychiatr Scand. 2012 Jun;125(6):440-52.
[7] Swanson JW, Swartz MS, Elbogen EB, Van Dorn RA, et al. Facilitated psychiatric advance directives: a randomized trial of an intervention to foster advance treatment planning among persons with severe mental illness. Am J Psychiatry. 2006 Nov;163(11):1943-51.
[8] MacInnes DL, Lewis M. The evaluation of a short group programme to reduce self-stigma in people with serious and enduring mental health problems. J Psychiatr Ment Health Nurs. 2008 Jan;15(1):59-65.
[9] Lauber C, Nordt C, Braunschweig C, Rössler W. Do mental health professionals stigmatize their patients? Acta Psychiatr Scand Suppl. 2006;(429):51-9.

Por Óscar Ferrari Gutiérrez

Mundo Médico

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