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21 Septiembre 2020

El perfecto equilibrio del ecosistema intestinal

El balance del tracto digestivo está determinado por la interacción de microorganismos, y los hongos, al igual que las bacterias, tendrían un rol relevante.

Manipular la comunidad fúngica de una persona como estrategia terapéutica en el abordaje de la obesidad es un enfoque relativamente nuevo para las ciencias médicas. Los primeros pasos los dio el doctor Mahmoud Ghannoum, director del Centro de Micología Médica de la Universidad Case Western Reserve, en Cleveland (Estados Unidos). 

En 2010, el científico, máster en química médica y doctor en fisiología microbiana de la Universidad de Loughborough (Reino Unido), ampliaba la investigación sobre el rol del ecosistema bacteriano en el aparato digestivo, cuando un hallazgo cambió su rumbo.

“Identificamos una comunidad de hongos nativos en la boca y, a partir de entonces, dimos un giro en nuestro trabajo. Las bacterias son solo la mitad de la historia”. Así acuñó el concepto de micobiota, conjunto de microorganismos fúngicos en un nicho específico. En el tracto gastrointestinal de un individuo sano se pueden encontrar más de 60 géneros y 180 especies y, aunque sus genes representan apenas el 1% de los identificados en muestras de laboratorio, son bastante prevalentes y algunos como Candida y Saccharomyces están en casi todas las personas.

“Hay hongos que nos benefician y otros que nos enferman. También existen los oportunistas, que por algún desequilibrio se reproducen en forma acelerada. Es lo que ocurre con la candidiasis, infección causada por distintos tipos de Candida, principalmente Candida Albicans”.

A diferencia de lo que ocurre con las bacterias, el estudio de la micobiota es incipiente. Los microbios habitan en todo el cuerpo humano, principalmente en la piel, membranas, mucosas y, sobre todo, en el canal alimentario. Es precisamente ahí donde la denominada microbiota intestinal determina la salud. Así lo aseguran investigaciones que han explorado esa línea, vinculándola con la obesidad, diabetes, excema y trastornos mentales.

Existen como mínimo mil especies diferentes de bacterias que comprenden por lo menos tres millones de genes, 150 veces más que el genoma humano. Aun así, la escasa presencia de hongos, entre 0,03% y 2% de todos los microorganismos encontrados hasta ahora, también tendría un rol relevante en la salud.

Científicos de los institutos de investigación biomédica de Gerona, Lérida y Tarragona y el Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (España) publicaron el estudio Obesity changes the human gut mycobiome [1], cuyos resultados demuestran que los pacientes obesos podrían ser discriminados por su composición fúngica.

“Cuando una persona pierde peso aumenta un determinado tipo de hongos que vive en su intestino (Mucor racemosus y Mucor fuscus). Estos, además, varían en función de la obesidad del paciente e, incluso, permiten identificar si el individuo es metabólicamente sano pese a su condición”, explica el doctor José Manuel Fernández-Real, líder del equipo y jefe de la sección de endocrinología del Hospital Josep Trueta de Gerona (España).

La gran diversidad de microorganismos, entre 500 y 1.000 especies como bacterias, hongos y parásitos, forman un ecosistema intestinal muy sensible a los cambios metabólicos. Es un ambiente complejo en el que se producen interacciones dinámicas y recíprocas entre el epitelio, sistema inmunitario y microbiota local. El desbalance de este equilibrio se conoce como disbiosis.

Los avances en el conocimiento de la microbiota intestinal llevaron al diseño de dietas basadas en especies bacterianas alóctonas, beneficiosas para el tracto digestivo, contribuyendo al equilibrio del metabolismo y prevención de enfermedades. Por su parte, el trabajo de Fernández-Real plantea la posibilidad de un abordaje distinto, pero complementario. “Creemos que la manipulación de la comunidad de hongos podría ser una herramienta potencialmente importante para el tratamiento de la obesidad”, destaca.

Para el doctor Francisco Guarner, miembro de la Unidad de Investigación del Aparato Digestivo del Hospital Universitario Valle de Hebrón (España), a medida que se desarrollan ambos enfoques el descubrimiento de correlaciones entre hongos y bacterias aumenta, sugiriendo la participación en redes metabólicas. “No forman ecosistemas independientes, sino que están plenamente integrados”.

Las investigaciones se centran en desentrañar las múltiples interacciones no solo entre unos y otros hongos, sino también entre estos y las bacterias, así como la relación con el huésped. Los resultados servirían para identificar la disbiosis y diseñar tratamientos.

“Estamos frente a un ecosistema que debe estar en equilibrio y en el que las bacterias mantienen a raya a los hongos y viceversa. No sería acertado preocuparse más de determinados microorganismos por sobre otros. Un desbalance entre las diferentes especies de hongos afecta a la salud exactamente igual que un desequilibrio bacteriano”, enfatiza el doctor Ghannoum.

Según Alex Mira, doctorado en microbiología en la Universidad de Oxford (Reino Unido) y director del Laboratorio de Microbioma Humano de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana (España), el vínculo e interacción entre ambos tipos de microorganismos se evidencia en las consecuencias de la automedicación y uso irracional de antibióticos.

“Un tratamiento de este tipo supone un fuerte impacto para la microbiota, ya que el fármaco no discrimina entre las bacterias causantes de la infección y aquellas que son beneficiosas para nuestra salud. Muchas de estas se encuentran ahí precisamente para evitar que la comunidad de hongos se expanda más de lo debido. La ingesta inadecuada de antibióticos rompe el balance porque desaparecen las bacterias que impiden el asentamiento de los patógenos oportunistas”.

El resultado de estudios en torno a la microbiota y micobiota evidencia la necesidad de un desarrollo integral y complementario, que no solo impulse el diseño de terapias innovadoras para el manejo de la obesidad, sino que extienda su impacto al bienestar general del ser humano.

Referencias
[1] Mar Rodríguez M, Pérez D, Javier Chaves F, et al. Obesity changes the human gut mycobiome [published correction appears in Sci Rep. 2016;6:21679]. Sci Rep. 2015;5:14600.

Por Óscar Ferrari Gutiérrez

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