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14 Octubre 2019

Microplásticos

El pequeño problema que amenaza la salud

Diminutos trozos de plástico están ingresando al cuerpo humano a través del aire y los alimentos. Los efectos en la salud son todavía desconocidos, pero ya existe evidencia sobre este potencial problema sanitario.

La contaminación ambiental es un fenómeno que afecta directa e indirectamente la salud de las poblaciones, no solo de seres humanos, pues también altera el equilibrio de los ecosistemas. 

Se trata del resultado de una serie de procesos naturales, industriales e –incluso– humanos que evidencian la presencia de compuestos por sobre los niveles permitidos o que, definitivamente, no deberían estar presentes. 

Este contacto con contaminantes tóxicos puede darse durante procesos de producción, distribución o utilización de productos como medicamentos, alimentos, productos de limpieza, insecticidas, pesticidas, formulaciones industriales y artículos para el hogar; o bien, cuando estos son desechados al ambiente. 

Las alteraciones que producen algunas sustancias sobre la salud son relativamente fáciles de reconocer y evaluar, más cuando estos efectos son inmediatos, como en el caso de envenenamientos, intoxicaciones agudas, problemas respiratorios o sobre la piel. 

Es mucho más difícil establecer una asociación causa-efecto cuando el agente tóxico produce daños a la salud después de un tiempo cuando las manifestaciones patológicas aparecen mucho después de la exposición, como lo que se teme ocurrirá con los microplásticos

Aunque no existe consenso sobre a partir de qué tamaño puede considerárseles microplásticos a las pequeñas partículas y fibras de este material que contaminan el medioambiente, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos utiliza el parámetro de menos de cinco milímetros de diámetro (< 5 mm) para clasificarlos como tal y los categorizan en base a sus características morfológicas: tamaño, forma y color, donde el primero es un factor particularmente importante, porque indica la medida en que los organismos pueden verse afectados.

La mitad del plástico que se utiliza cotidianamente deriva de artículos de un solo uso, como envases o bombillas, el cual tiene una vida útil promedio de 12 a 15 minutos. Sin embargo, puede tardar entre 400 y 1.000 años en desintegrarse.

Debido a que no se biodegradan, sino que solo se desintegran en partes más pequeñas, los micro y nanoplásticos (< 100 nm) terminan siendo absorbidos o ingeridos por muchos organismos, alojándose en sus cuerpos y tejidos. 

Precisamente, un equipo de científicos de la Universidad de Viena halló, por primera vez, muestras de microplásticos en heces humanas (DOI:10.7326/M19-0618), lo que apunta a que estas diminutas partículas ya están presentes en la cadena alimentaria y están llegando a las personas por transferencia trófica.

Al no encontrar respuesta a sus propias preguntas, ni evidencia sobre esta materia, el doctor Philipp Schwabl, hepatólogo en la Universidad de Viena, llevó a cabo un pequeño estudio piloto prospectivo. 

Reclutó a ocho individuos –hombres y mujeres entre 33 y 65 años– de Finlandia, Holanda, Polonia, Reino Unido, Japón, Rusia, Italia y Austria para representar diferentes regiones geográficas y patrones dietéticos. 

Les solicitó que, durante una semana, documentaran detalladamente el contenido, origen y tipo de almacenamiento de los alimentos de su dieta habitual, sin restricciones; y que tomaran muestras de sus heces para un posterior estudio de composición.

Ninguno de los voluntarios era vegetariano; seis de los ocho habían consumido pescado oceánico; los diarios alimenticios mostraron que todos tenían una posible exposición al plástico a través de envoltorios y botellas; y las muestras proporcionadas fueron analizadas en la Agencia de Medio Ambiente de Austria en Viena para 10 tipos de plástico. 

Los resultados fueron reveladores: se encontraron, en promedio, 20 partículas microplásticas por cada 10 gramos de heces; hasta nueve plásticos diferentes, los más comunes fueron polipropileno y tereftalato de polietileno (PET), ambos principales componentes de las botellas y las tapas de plástico; y piezas de tamaño variable, entre 50 a 500 micrómetros, que se formaron como fragmentos y películas y, rara vez, como esferas o fibras. 

“Este es el primer estudio de este tipo y confirma lo que sospechábamos desde hace tiempo: que los plásticos acaban llegando al intestino a través del aire y los alimentos. Es necesario investigar lo que esto implica para la salud humana, cuyas dimensiones aún desconocemos”, advierte el investigador principal del estudio.

Asimismo, agrega que “existe la posibilidad de que las partículas microplásticas no solo afecten al intestino, sino también al sistema linfático e incluso al hígado, donde llegarían las fracciones más pequeñas a través de la sangre. Además, podrían actuar como vectores para otros productos químicos, como contaminantes ambientales o aditivos plásticos, que pueden filtrarse y exponerse a sustancias peligrosas”.

El número reducido de participantes no permitió establecer de dónde procedía la contaminación por plástico, si del pescado consumido o de los envoltorios utilizados en los alimentos, y tampoco sacar conclusiones contundentes. Schwabl quiere realizar una segunda versión del estudio inicial para evaluar el efecto de los microplásticos en las células individuales en más participantes. 

La evidencia científica parece ser cada vez más concluyente. Los estudios experimentales ya muestran impactos negativos en animales marinos a altos niveles de exposición, pero actualmente faltan datos fiables sobre las poblaciones silvestres. La investigación futura, así como también el análisis y manejo de riesgos, necesita centrarse en las partículas más pequeñas –microplásticos pequeños, microfibras y nanoplásticos– que tienen la capacidad de atravesar y penetrar las membranas celulares.

Micro o macro, el plástico está causando estrés en los ecosistemas marinos y afectando los recursos pesqueros y acuícolas, por lo que se necesita aumentar la conciencia pública y limitar las fuentes y descargas de este material en el medio marino.

Los efectos de esta "epidemia" –aún silenciosa– los sufrirán las generaciones venideras, si no se realizan acciones concretas para detenerla. De momento, la sensibilización individual cobra un papel relevante para reducir el uso de plásticos, dado que este material sintético tarda cientos de años en desaparecer del medio ambiente… y todavía no sabemos cuántos del organismo. 

Por Carolina Faraldo Portus

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