SAVALnet PY

https://www.savalnet.com.py/mundo-medico/reportajes/el-legado-lange-y-los-nuevos-rumbos-de-la-virologia.html
06 Octubre 2014

El legado Lange y los nuevos rumbos de la virología

  • Dr. Joep M.A. Lange

    Dr. Joep M.A. Lange

  • Dres. Julio Montaner y Françoise Barré-Sinoussi

    Dres. Julio Montaner y Françoise Barré-Sinoussi

  • Dr. Daniel Zulaika Aristi

    Dr. Daniel Zulaika Aristi

  • Dr. Álvaro Llancaqueo Valeri

    Dr. Álvaro Llancaqueo Valeri

El médico holandés, a quien sus pares definen como un hombre brillante y una figura irrepetible, fue una de las víctimas del trágico accidente aéreo que marcó la XX Conferencia Internacional del Sida.

“Aún me resulta difícil concebir o expresar la magnitud que supone la pérdida de nuestros colegas y amigos”. Con estas palabras, la presidenta de la Sociedad Internacional del Sida (IAS), Françoise Barré-Sinoussi, dio por inaugurada la XX Conferencia Internacional del Sida, realizada en Melbourne entre el 20 y 25 de julio, encuentro científico que, más allá de su contribución y aportes en el manejo de la patología, será recordado por el trágico hecho ocurrido durante su antesala.

En su jornada de apertura, organizadores y asistentes se pusieron de pie y guardaron un conmovedor minuto de silencio, en memoria de un grupo de destacados investigadores que, como consecuencia de un acto irracional o un incomprensible error bélico, perdieron su vida cuando se dirigían a Australia a compartir su experiencia clínica y el resultado de sus últimos estudios sobre VIH.

El 17 de julio de 2014, 283 pasajeros y los 15 miembros de la tripulación del vuelo MH17 de la compañía Malaysia Airlines murieron, presumiblemente, tras el impacto de un misil tierra-aire en cielo ucraniano, aunque investigaciones salidas a la luz en septiembre atribuyen la desgracia a “un daño estructural, causado por un gran número de proyectiles a gran velocidad que entraron desde fuera del aparato”, según concluye la Oficina de Investigación Holandesa para la Seguridad. Todo esto en medio de un conflicto armado, totalmente ajeno a las víctimas, entre fuerzas locales y separatistas prorrusos. 

El Boing 777-200 cubría la ruta Amsterdam–Kuala Lumpur, perdiendo contacto con los controladores aéreos cuando se ubicaba a unos 50 kilómetros de la frontera con Rusia y a aproximadamente 10.600 metros de altura. El aparato cayó cerca de la ciudad de Donestk, un bastión de los rebeldes y escenario de violentos enfrentamientos entre los bandos rivales.

En total fallecieron 108 científicos, entre ellos seis delegados de la conferencia, dentro de los cuales se encontraba el profesor Joep Lange, antiguo presidente de la Sociedad Internacional del Sida (2002-2004), director del Departamento de Salud del Academic Medical Center de la Universidad de Amsterdam (Holanda) y uno de los primeros defensores de lo que ahora constituye el estándar de tratamiento contra la infección: el uso de tres fármacos antirretrovirales de diferentes familias para conseguir una carga viral indetectable de forma duradera. Sin dudas, un referente mundial en el estudio del Sida. 

Otros hombres y mujeres reconocidos en el ámbito del VIH que también perdieron la vida en la lamentable catástrofe son Pim de Kuijer, activista de Aids Fonds / Stop Aids Now!; Lucie van Mens, de Female Health Company; Martine de Schutter, gestora de programa de Aids Fonds / Stop Aids Now!; Glenn Thomas, de la Organización Mundial de la Salud; y Jacqueline van Tongeren (esposa de Lange), del Instituto de Amsterdam para la Salud Global y el Desarrollo. 

“Colaboraremos en lo necesario con las autoridades para aclarar la forma trágica de esta pérdida. En reconocimiento a la dedicación de nuestros colegas en la lucha contra el VIH/Sida, la conferencia continuará adelante como estaba previsto e incluirá oportunidades para reflexionar y recordar a aquellos que nos han dejado”, comentaron representantes de la Sociedad Internacional del Sida, poco antes del inicio del importante evento.

La repentina desaparición de Lange y sus colegas plantea una serie de dudas e inquietudes en el mundo científico, particularmente por la incertidumbre que genera el eventual rumbo que tomarán los estudios que lideraban. ¿Quién continuará con sus trabajos? ¿de qué manera se verá afectada la batalla contra el VIH?, son sólo algunas preguntas surgidas de manera casi espontánea y que, meses después de la tragedia, siguen rondando.

Terapia antirretroviral

Entre el manto de duda que todavía cubre el accidente, las investigaciones para determinar sus reales causas y las recriminaciones mutuas entre los principales sospechosos de provocar la caída del avión, científicos de todo el orbe aún lamentan la pérdida de un hombre calificado como “brillante” por sus pares.

Joep Lange, de 59 años al momento de su muerte, era holandés. Nació en Nieuwenhagen y estudió en la Universidad de Amsterdam, donde se desempeñaba desde 2006 como profesor de medicina interna. También dirigía el Instituto de Amsterdam para la Salud Global y el Desarrollo. Es reconocido como pieza clave en el campo de la investigación científica al explorar el desarrollo de terapias combinadas asequibles para el virus del Sida y de medicación para prevenir la transmisión vertical (de madres a bebés).

En 2001, creó la Fundación PharmAccess, dedicada a promover el acceso universal a servicios de salud de calidad en África, mediante la estimulación de las inversiones del sector público y privado en pos de una población con mejores perspectivas sociales y económicas. Uno de los objetivos prioritarios de esta organización es abrir el acceso a los tratamientos de VIH en los países de menos recursos, tarea completamente afín a los esfuerzos de Lange, quien dedicó más de 30 años de su vida a la investigación del Sida. “Nunca aceptaba que algo era imposible, tenía una visión única y un absoluto compromiso en la lucha contra el Sida, especialmente en Asia y África”, recordó el doctor David Cooper, profesor en el Instituto Kirby de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia). Además de IAS, Lange también fue miembro de otras sociedades científicas, entre ellas la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia y la Sociedad Americana de Microbiología. 

Desde los inicios de la epidemia del Sida, a principios de los años 80, fue un activo luchador contra ésta, enfocando su trabajo en la búsqueda de un tratamiento para los pacientes que sufrían, en ese entonces, la “desconocida” patología. Eran tiempos en que no existían terapias ni fármacos y lo único que se podía hacer era tratar de mejorar en algo la calidad de vida de los enfermos antes de morir. En esa labor humanitaria, Lange, según rememoran muchos de sus colegas, establecía una gran sintonía con los pacientes, creando una estrecha relación con cada uno de ellos. En 1985, cuatro años después de egresar de medicina, se introdujo en la investigación, para luego, en 1987, realizar su tesis doctoral sobre marcadores serológicos en la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana.

Cuando comenzaron a difundirse los tratamientos para el Sida, Lange fue uno de los primeros médicos en postular la necesidad de una terapia combinada con distintos fármacos para poder frenar la replicación viral, buscando ya en la década de los 90 la forma de mejorar la acción de los fármacos y reducir su toxicidad. 

Para lograr evitar la destrucción del sistema inmunitario y normalizar su funcionamiento, apostó por un inicio temprano de la terapia antirretroviral, cuyo objetivo es disminuir la cantidad de virus en la sangre (carga viral) y aumentar el recuento de linfocitos CD4, prolongando y mejorando la calidad de vida de los infectados. Actualmente, la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA) es el régimen, de por lo menos tres drogas, utilizado en los pacientes con VIH/Sida, con el que se espera reducir la carga viral a niveles indetectables por el mayor tiempo posible. 

Claro que esto, que suena obvio en los tiempos que corren, en 1996 no era apoyado por la mayoría de los especialistas y se sugería que era mejor esperar hasta fases avanzadas de la enfermedad. Los detractores argumentaban que la toxicidad de la terapia era un riesgo muy alto, sin embargo, el facultativo holandés defendió el tratamiento, ya que a su juicio el riesgo de toxicidad era un mal menor en comparación al beneficio que significaba evitar que el virus siguiera destruyendo el sistema inmune. El posterior avance de la ciencia y particularmente el mejor conocimiento de la inmunopatogenia finalmente le dieron la razón.

Otra línea de investigación de Lange, quien también fue jefe de Investigación Clínica y Desarrollo de Fármacos en el programa global sobre Sida de la Organización Mundial de la Salud (1993 a 1995) y reconocido activista en pro del acceso igualitario a terapia para los enfermos, apuntó a evitar que las madres seropositivas transmitieran el VIH a sus hijos. Esta tarea la llevó a cabo tanto en países del primer mundo como en naciones en vías de desarrollo, logrando un gran impacto al prevenir miles de infecciones en los recién nacidos. 

“Era una figura irrepetible, de esas que salen sólo cada 100 años. Fue un visionario y fundamentalmente todos sus esfuerzos fueron dirigidos a hacer más sencillo el tratamiento contra el Sida”, afirma el doctor Daniel Zulaika, coordinador del Plan Vasco contra el Sida desde 1988 y elegido en 2003 presidente de la Sociedad Española Interdisciplinar contra el Sida.

Golpe definitivo

El Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) es un virus que infecta las células llamadas linfocitos CD4, que son componentes clave del sistema inmune, dañando su funcionamiento. El resultado es un deterioro progresivo de las defensas contra infecciones y otras enfermedades, lo que deriva en la llamada “inmunodeficiencia”. 

Las personas inmunodeficientes son más vulnerables a diversas infecciones, la mayoría de las cuales son poco comunes entre individuos sin este padecimiento y son conocidas como “enfermedades oportunistas”, ya que aprovechan la debilidad del sistema inmunitario. 

El Sida, en tanto, es un término que corresponde al “Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida” y constituye una etapa de definición clínica basada en la progresión de la infección y la aparición de las llamadas enfermedades oportunistas. Todos los pacientes con Sida están infectados por el VIH, pero no todos los pacientes portadores de VIH llegan a tener Sida, aspecto que suelen subrayar los especialistas.

Son varios los expertos a nivel mundial que comparten la idea de que, por primera vez, la ciencia se encuentra ad portas de reducir considerablemente la epidemia de VIH, en virtud de la información disponible y los últimos avances de la medicina, lo que permitiría diseñar y dirigir intervenciones sanitarias específicas a las poblaciones más necesitadas.

Recientes datos epidemiológicos han revelado que el VIH se está concentrando en nichos poblacionales rodeados de niveles de infección muy inferiores y caracterizados por tratarse de personas marginadas por la sociedad, a veces incluso criminalizadas, y sin el acceso necesario a la atención médica, escenario que amenaza la esperanza mundial de una posible eliminación del Sida. Estos grupos de personas incluyen a mujeres jóvenes, homosexuales, consumidores de drogas inyectables, trabajadores sexuales e individuos recluidos en cárceles, quienes en conjunto llegan a presentar tasas de prevalencia de 30 y hasta 40% en algunas partes de África subsahariana, aun cuando la prevalencia en la población general pueda ser tan baja como el uno por ciento. En base a esta información se pretende estructurar intervenciones que consideren nuevos enfoques para maximizar y optimizar los recursos existentes a nivel internacional.

“Los antecedentes disponibles indican que para convertir la pandemia de VIH en una epidemia de bajo nivel tenemos que redirigir y priorizar nuestras intervenciones atendiendo a las personas de los nichos poblacionales referidos. Los modelos informáticos hacen pensar en que la repercusión de las intervenciones podría incrementarse en un 20% simplemente destinando los recursos necesarios a las poblaciones más vulnerables a la infección y la transmisión”, coincidieron Mark Dybul y Timothy Hallett, director ejecutivo del Fondo Mundial de lucha contra el Sida y profesor de Salud Global del Departamento de Epidemiología de Enfermedades Infecciosas del Imperial College de Londres, respectivamente.

Si se adoptara este enfoque, agregan, sería posible implementar un programa altamente eficaz que para 2029 exhiba una reducción de hasta el 70% en el número de nuevas infecciones. “Destinar recursos de manera prioritaria a esos focos puede aumentar radicalmente la eficacia de los programas y generar más salud con el mismo presupuesto”. La idea es dotar a la comunidad de la capacidad para localizar y combatir el VIH en los reductos donde se está refugiando.

“Si somos capaces de obtener los recursos necesarios y dirigir nuestras intervenciones de salud hacia los grupos más vulnerables, podemos hacer que la epidemia de VIH se vuelva mucho más débil y dejar el terreno abonado para que la futura generación de vacunas y tecnologías puedan asestar el golpe definitivo a la epidemia. Una vacuna parcialmente eficaz no tendría gran impacto en una epidemia desbocada, pero sí que podría conseguir que una epidemia debilitada alcanzase un punto de inflexión”, argumentaron.

Dybul y Hallett llamaron a la sociedad a tomar consciencia de que oportunidades como las actuales no se mantendrán por mucho tiempo, por lo que la rápida puesta en marcha de un plan de acción es clave. “La dinámica económica de las intervenciones de VIH determina que, cuando empezamos a observar descensos en los niveles de infección, es el momento de invertir, y las iniciativas que necesitamos no serán posibles si retrocedemos a una fase de rápido crecimiento de la epidemia. Si, por ejemplo, el financiamiento internacional destinado a Zambia se congelara o recortara, asistiríamos en 2030 a un rápido repunte de la enfermedad, con 700 mil nuevas infecciones y 400 mil muertes, lo que supondría una sustancial pérdida del enorme progreso conseguido en los últimos 10 años”.

Cambio de paradigma

Invertir con inteligencia se perfila como uno de los grandes nuevos desafíos en torno al VIH. Para muchos, la derrota de la enfermedad está cada día más cerca gracias a una serie de factores, que no sólo incluyen avances científicos y la implementación de programas de salud más acordes a las necesidades de cada nación, sino que también la disminución en los costos de la medicación administrada.

A partir de 2007, el precio del conjunto preferido de antirretrovirales ha disminuido en un 70 por ciento y durante la última década el costo de administrar tratamiento antirretroviral se ha visto reducido en un 11%, fundamentalmente porque las cadenas de suministro son más eficientes.

Junto a lo anterior, la Organización Mundial de la Salud (OMS), tras actualizar sus guías de tratamiento, busca desde 2013 que las personas infectadas con el virus de inmunodeficiencia humana comiencen la terapia antirretroviral de forma temprana, cuando su sistema inmunitario aún no esté tan dañado. “Un abordaje más precoz, más seguro y más simple puede llevar a la epidemia de VIH a un decline irreversible. Los pacientes con VIH podrán vivir más tiempo, llevar vidas más sanas y se reducirá el riesgo de transmitir el virus a otras personas”, aseguró el organismo internacional.

Las recomendaciones, ya implementadas por algunas naciones desarrolladas, animan a iniciar el tratamiento antirretroviral cuando las defensas hayan caído a 500 CD4 por milímetro cúbico de sangre. Las guías sustituyen a las emitidas en 2010, en práctica según la OMS en el 90% de los países, las cuales sugerían esperar a que la cifra fuera de 350. El paradigma cambia, porque se trata de empezar a medicar a los enfermos cuando sus sistemas inmunológicos aún están fuertes, aspecto que abre complejos desafíos económicos en cuanto a alcanzar la nueva cobertura. Junto con reforzar las campañas de prevención, el nuevo modelo de terapias debe ser visto con prisma de mediano y largo plazo, al tratarse de una inversión que finalmente se traducirá en menor gasto de recursos en atención clínica especializada y medicamentos.

“Estamos frente a una oportunidad excelente para darle la vuelta a la epidemia. No es momento de discusiones, es hora de ponerse a trabajar y aumentar el número de personas tratadas con antirretrovirales de 15 a 26 millones”, sostuvo el doctor Julio Montaner, director del Centro para la Excelencia en VIH/Sida de Columbia Británica y quien es considerado uno de los “padres” de la triple terapia antirretroviral.

El investigador y clínico argentino-canadiense, conocido por abogar por la búsqueda activa de personas con más riesgo de adquirir el virus y su puesta inmediata en tratamiento, presentó en la XX Conferencia Internacional del Sida la propuesta 90-90-90, que busca disminuir la morbimortalidad del Sida a nivel global. La estrategia, apoyada por Naciones Unidas, tiene como objetivo que el 90% de las personas infectadas en el mundo sepan que están infectadas; que el 90% de ellas accedan al tratamiento de forma libre, gratuita y sostenida; y que el 90% de ellos tengan un efecto antiviral sostenido, con una carga viral suprimida a largo plazo. Lo anterior, con la finalidad de transformar la pandemia de Sida en una enfermedad esporádica, rara y realmente bajo control.

En un reciente informe emanado desde ONUSIDA, en los últimos 8 años las muertes como consecuencia de la patología disminuyeron en 35%, sin embargo, como contraste, también se confirmó que 19 millones de los 35 millones de personas que viven con VIH/Sida no saben que son portadores. “Lamentablemente ese es un problema que tenemos en el mundo entero, en algunos lugares la situación está mejor y en otros peor. Al fin y al cabo, en la medida que nosotros no podamos diagnosticar a todos los individuos que están infectados con esta enfermedad no vamos a poder controlar esta epidemia y, por lo tanto, lo que estamos pidiendo y recomendando es cambiar la forma de abordaje y tomar medidas más radicales”, comentó el doctor Montaner, ganador en 2010 del Premio Mundial de la Ciencia “Albert Einstein”.

Una de las conclusiones de la conferencia realizada en Melbourne sugiere la necesidad de erradicar definitivamente la estigmatización y discriminación hacia las poblaciones afectadas, ya que esto representa una barrera importante para asegurar el final de la epidemia. En este sentido, los programas de salud pública juegan un rol clave, puesto que tienen que eliminar por completo leyes discriminatorias que conduzcan a políticas que aumenten la vulnerabilidad y aislamiento de las personas infectadas.

“La gran expansión de los programas de VIH ha supuesto que el Sida deje de ser una sentencia de muerte para muchas personas para pasar a ser una enfermedad crónica manejable. Sin embargo, estos logros todavía no son suficientes, ya que 22 millones de personas siguen sin acceso a tratamiento”, explicó la doctora Françoise Barré-Sinoussi, premio Nobel en 2008 por su papel en el descubrimiento del VIH.

De cualquier modo, en 2013, 2.3 millones de personas accedieron a su medicación contra el VIH, lo que elevó el número total de personas en tratamiento a casi 13 millones a finales de ese año, cifras que demuestran que los esfuerzos para aumentar el acceso a la terapia con antirretrovirales están dando frutos. “Si aceleramos la ampliación de los servicios podremos terminar con la epidemia en 2030. Si no, corremos el riesgo de que se tarde mucho más tiempo" advirtió Michel Sidibé, director ejecutivo de ONUSIDA. 

Un objetivo que sin dudas habría apoyado el profesor Lange. “Él siempre nos dijo que no podíamos descuidarnos ni un momento y que debíamos buscar el fin de la pandemia del Sida”, afirmó Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) de Estados Unidos.

Meta zero

A fines de 2011, más de 34 millones de personas vivían con VIH en todo el mundo, calculándose que aproximadamente el 0,8% de los adultos de edades comprendidas entre los 15 y 49 años son seropositivos, vale decir, son portadores del virus pero aún  no desarrollan la enfermedad. África subsahariana continúa siendo la región más afectada, donde 1 de cada 20 adultos tiene VIH, lo que representa el 69% de las personas seropositivas de todo el mundo. 

A nivel global, la cifra de nuevas infecciones está en descenso. El porcentaje de personas (adultos y niños) que se contagiaron en 2011, en comparación a 2001, es 20 por ciento menor. La mayor disminución de casos nuevos en los últimos 15 años ha tenido lugar en el Caribe (42%) y África subsahariana (25%).

En Chile los primeros casos de Sida se notificaron oficialmente en 1984, registrándose hasta 2011 un total de 26.740 confirmaciones de VIH o Sida. El grupo poblacional más afectado son los adultos entre 20 y 49 años, principalmente de 30 a 39 años, destacando una tasa ascendente en el último quinquenio en el grupo de 10 a 19 años. El número de casos de hombres supera ampliamente al de mujeres, tanto en VIH como Sida, sin embargo, los casos en el sexo femenino muestran un sostenido aumento, especialmente en etapa de VIH.

Hasta 2010, fallecieron 7.370 personas a causa del Sida, 87% de ellos corresponde a hombres, y la tasa de mortalidad más alta se presenta en el grupo de edad de 40 a 49 años con un 5,1 por cien mil habitantes. La Región de Arica y Parinacota muestra la tasa más elevada a nivel nacional, coincidente con las mayores tasas de notificación de VIH/Sida.

El tratamiento antirretroviral (TAR), con asociaciones de tres drogas antirretrovirales (ARV), ha tenido un impacto positivo en el control de la epidemia al ser altamente efectivo en suprimir la replicación viral y permitir la recuperación cualitativa y cuantitativa de la respuesta inmune. Así se evita la progresión clínica a etapas avanzadas de la enfermedad y se reduce significativamente la mortalidad asociada, pese a que no se logra la erradicación viral. 

El aumento de la cobertura de TAR en el mundo ha demostrado ser determinante, no sólo en la disminución de las muertes por Sida, sino también en el número de casos nuevos de infección por VIH, por la significativa reducción de la transmisión viral cuando se logra la supresión virológica.

“Chile tiene una cantidad limitada de pacientes y no se caracteriza por tener una alta tasa de infección. Hay acceso a terapias a través del programa de garantías explícitas en salud (GES) y existe una actualización reciente de las guías. Yo diría que prácticamente tenemos acceso a casi todas las terapias y exámenes. Desde esta perspectiva podemos decir que el VIH/Sida es una patología, de notificación obligatoria, que tiene muy buen manejo, tanto en el sistema público como privado”, comentó el doctor Álvaro Llancaqueo, uno de los infectólogos más reconocidos del país.

Según el facultativo, formado en las universidades de Chile y Católica y especializado en microbiología clínica y enfermedades infecciosas en el Hospital General Gregorio Marañón de Madrid, el VIH/Sida “dejó de ser una enfermedad mortal en Chile, convirtiéndose en una condición de salud crónica.  El acceso garantizado a la terapia farmacológica, permite que las personas que son portadoras del virus puedan desarrollar una vida normal. Lo que se busca ahora es que no haya más contagios y muertes y evitar definitivamente la transmisión vertical”.

Sobre este último punto, en 2010, Chile, al igual que el resto de los países de América Latina, suscribió el llamado de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y de la Unicef para bajar la transmisión vertical del VIH a menos de 2%  y disminuir la sífilis congénita a menos del 0,5% por cada 1000 nacidos vivos. Se trata de la Iniciativa de Eliminación de la Transmisión Materno Infantil del VIH y la Sífilis en Latinoamérica.

Un año más tarde, el Ministerio de Salud realizó una modificación al reglamento de la Ley del Sida que incluyó el examen de VIH en la embarazada entre los exámenes rutinarios que se toman a esta población en control, con el fin de asegurar al máximo su realización como medida central para evitar la infección pediátrica, cuyo primer caso en Chile se registró en 1987.

Respecto de los científicos que perdieron la vida en el vuelo MH17 de Malaysia Airlines, el doctor Llancaqueo, quien recientemente estuvo en Washington, Estados Unidos, participando en la  54ª Conferencia Interciencia sobre Agentes Antimicrobianos y Quimioterapia (ICAAC), sostuvo que “se trataba de personas de bastante peso académico y muy relevantes para el mundo científico, dado su aporte en el campo de la investigación. Sé que este accidente generó incertidumbre sobre el futuro de los estudios que lideraban, pero es importante tener claro que ellos no trabajaban solos, sino que formaban parte de equipos integrales y multidisciplinarios, así que alguien tomará el relevo y se hará cargo de los trabajos que quedaron inconclusos”. 

“La investigación sobre VIH/Sida se da en muchos ámbitos, desde el punto de vista de las ciencias básicas, bioquímica, genética, inmunología, desde la perspectiva clínica, del manejo de las complicaciones. Es una enfermedad que afecta prácticamente todos los órganos y sistemas, por lo tanto casi todas las especialidades están involucradas. Hay análisis epidemiológicos, estudio de los mecanismos de prevención y todo el tema de desarrollo de vacunas. A lo anterior hay que agregar las políticas públicas de cada país y el enfrentamiento global de la patología. El desafío es alcanzar lo que llamamos ‘meta zero’, vale decir, que no existan contagios fortaleciendo las medidas de prevención, y que haya cero muertes y cero discriminación”, agregó el jefe del programa VIH/Sida del Hospital Las Higueras de Talcahuano.

Más allá de los notables avances en torno al VIH/Sida concretados durante los últimos años, es indudable que aún queda mucho por hacer, principalmente en los países de mayor pobreza. La muerte de tantas personas comprometidas a encontrar una respuesta a las dudas que persisten sobre la patología representa una gran pérdida para la ciencia, y la herida que dejó el desastre aéreo, particularmente por las circunstancias que lo rodearon, posiblemente nunca cerrará.

“La cura del Sida podría estar en ese avión, nunca lo sabremos”, dijo sólo horas después de la tragedia el doctor Trevor Stratton, especialista en VIH/Sida. Con el correr de los meses, médicos y científicos tienen en sus manos la misión de tomar la posta para erradicar definitivamente esta epidemia. Deben hacerlo en honor y memoria de Lange y sus colegas, rescatando el principal legado del virólogo holandés: la genialidad de traspasar sus estudios de laboratorio a la sociedad y su profundo sentido humanitario al luchar por un acceso igualitario a la salud.

Por Óscar Ferrari Gutiérrez

Dr. Joep M.A. Lange

Dr. Joep M.A. Lange

Dres. Julio Montaner y Françoise Barré-Sinoussi

Dres. Julio Montaner y Françoise Barré-Sinoussi

Dr. Daniel Zulaika Aristi

Dr. Daniel Zulaika Aristi

Dr. Álvaro Llancaqueo Valeri

Dr. Álvaro Llancaqueo Valeri

Mundo Médico

Destacado Agenda de Eventos

I Congreso internacional RIADIS

20 Enero 2022

Aprendizaje y servicio en actividad física y el deporte para la inclusión social.

...

Destacado Galería Multimedia

Congreso interamericano de prevención cardiovascular

20 Noviembre 2020

El encuentro virtual organizado por las Sociedades Interamericana de Cardiología (SIAC) y Ecuatoriana de Cardiología Núcleo Pichincha ...

III Curso de cirugía endoscópica

22 Septiembre 2020

El Departamento de Cirugía Endoscópica de la Sociedad de Cirujanos está organizando su tercer curso internacional de la especialidad, ...