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03 Agosto 2020

Dr. Óscar Böttger Giménez:

“Fue clave conocer nuestras debilidades y convertirlas en fortalezas”

Organismos internacionales valoran el trabajo que ha realizado Paraguay durante la pandemia. Adecuación de infraestructura y estrategia preventiva han dado positivos resultados.

Dos de los grandes desafíos que plantea la pandemia causada por el SARS-CoV-2 son el manejo clínico de pacientes, en particular aquellos en estado crítico, y la generación de conocimiento que contribuya a su prevención, diagnóstico y abordaje.

En ambos frentes se encuentra el doctor Óscar Böttger Giménez, jefe del Servicio de Terapia Intensiva del Hospital Respiratorio de Itapúa. “La COVID-19 nos llamó a ser humildes, demostró que nos tenemos que seguir capacitando, que en ocasiones debemos ser más simplistas y que a veces con menos recursos debemos hacer más. La pandemia tomó al mundo por sorpresa, tuvimos que ponernos a estudiar como nunca y absorber experiencias de otros países”, comentó el médico titulado en la Universidad Nacional Itapúa (Encarnación) y especialista en terapia intensiva y medicina interna con residencia en el Hospital Central del IPS.

La coordinación de cursos teóricos y prácticos para médicos no intensivistas fue una de sus tareas durante los primeros meses de la crisis. Mejorar habilidades en el manejo de las vías aéreas, reanimación, maniobra de pronación, ventilación mecánica y monitoreo hemodinámico motivaron la participación de pediatras, cirujanos, médicos de familia y otorrinolaringólogos del recinto asistencial, sumándose más tarde profesionales de otros hospitales de la región e incluso del Departamento de Misiones.

“Observamos lo ocurrido en otros lugares, donde contaban con mayores recursos y el número de intensivistas no dio abasto, incluso muchos cayeron en la primera línea y los médicos que asumían su rol no se desempeñaban de manera adecuada”. Posteriormente, el doctor Böttger, junto a Laura Zacarías y la colaboración de la Sociedad Paraguaya de Medicina Crítica y Cuidados Intensivos, organizó un curso de ecografía crítica con énfasis en cambios pulmonares en COVID-19 a cargo de Óscar Acosta. También, una serie de talleres virtuales con la intervención de destacados disertantes.

“El IPS se fusionó con el hospital del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, por lo que muchos médicos y enfermeros de guardia eran nuevos. Algunos pisaban por primera vez la institución y trabajaríamos juntos en pandemia, así que debíamos elaborar protocolos. Vimos la necesidad de fortalecer nuestra segunda línea conformada por una gran miscelánea de médicos de nuestra institución”.

- ¿Qué objetivos se trazaron?

Aprender a cuidarnos, adquirir destrezas y mejorar el manejo de técnicas que tal vez conocíamos, pero que ahora deben realizarse siguiendo estrictas medidas de seguridad. Debíamos llegar a todos y explicar los protocolos en terapia intensiva.  

Tomamos conciencia que somos pocos, y si uno cae, otro debe estar listo para relevarlo. Acá se trata de hacer frente y dar respuesta. Quizás tenga que ver con el sentido de pertenencia, es nuestra comunidad, nuestra gente, son nuestros familiares los que podrían padecer la enfermedad. Tratamos de estar a la altura. Sentimos una responsabilidad enorme de difundir información y fortalecer el conocimiento. 

- ¿Cómo evalúa el trabajo de prevención y manejo de la pandemia en Paraguay?

No teníamos idea contra lo que nos enfrentábamos, veíamos como países de primer mundo con sistemas de salud modelo colapsaban y pensábamos en nosotros; esperábamos lo peor. Fueron meses largos y de mucha incertidumbre, pero nos preparamos bien.

Ha sido clave la implementación de una cuarentena radical y temprana, cuando apenas teníamos dos casos en el país y no había sido declarado el estado de pandemia por la OMS. Lo mismo el acatamiento de las medidas preventivas por parte de la población, el cierre de fronteras y del aeropuerto internacional. Además, valoramos como un gran acierto los alberges y hoteles salud, donde se aíslan y monitorean a los compatriotas que vuelven del extranjero para cumplir cuarentena obligatoria. Se ha dado una suerte de contagio controlado en baja escala, y gracias a que dicha población corresponde en su mayoría a jóvenes sin factores de riesgo, no vimos prácticamente casos de gravedad.

Con respecto al testeo, empezamos con poca cantidad y actualmente estamos en orden de los 10 test por caso positivo como recomienda la OMS, sin embargo, esto conlleva dos problemas: por un lado, las muestras que son tomadas en el interior del país tienen que ser remitidas a Asunción para su procesamiento, demorándose un tiempo extra muy valioso. En tanto, también tenemos limitaciones en el stock de los insumos para los hisopados y reactivos, que deben ser importados del exterior, donde nuestro mercado relativamente pequeño a veces no logra competir.

Nos preocupa que conforme avanzamos etapas de cuarentena inteligente, se sobrevino cierto relajamiento en las medidas de prevención, lo cual puede poner en riesgo todo lo logrado.

- Nuestro país es mirado como un ejemplo en el manejo la pandemia…

Organismos internacionales han evaluado positivamente nuestros esfuerzos. Creo que fue clave tomar conciencia de nuestras debilidades y trabajar para volverlas fortalezas. A principios de marzo no salíamos del golpe de una de las peores epidemias de dengue de los últimos años, con muchísimos casos y con una ocupación límite de camas, por lo que necesitábamos tomar medidas radicales para demorar la llegada del SARS-CoV-2 de tal manera que nos permitiera ganar tiempo para reforzar nuestro sistema sanitario y educar a la población en este nuevo modo de vivir. 

Sabíamos que no contábamos con todos los recursos para hacer frente, el mantener lo más bajo la curva de contagios era crucial para tener oportunidad de adecuar toda la infraestructura hospitalaria, adquirir equipos de protección para los funcionarios, contratar recursos humanos y capacitarlos. Aprendimos de la experiencia de lo que pasaba en otros países.

El Ministerio de Salud y Bienestar Social tomó el mando, estableció el Sistema Único de Salud, se crearon los hospitales respiratorios, apoyados con recursos y personal de todas las instituciones, realizando para doble triaje a pacientes sospechosos. Esto limitó la diseminación de los casos y ayudó a optimizar el trabajo.

- ¿El impacto del virus en la red asistencial ha sido menor al esperado?

En esta pandemia grandes potencias sucumbieron. Desafortunadamente, mucho antes de la COVID-19, conocíamos lo que es un sistema de salud colapsado, saturado y desabastecido. Sabíamos que el escenario era poco alentador y que debíamos ser inteligentes, llevando la lucha a donde más nos convenía: fuera de los hospitales. El costo fue paralizar gran parte de la economía, y para un país pobre como nosotros es una medida que no se puede extender demasiado.

Consultorios, cirugías programadas o electivas y servicios de odontología tuvieron que ser suspendidos para fortalecer otras áreas como urgencia, dirigir el triaje, la llegada de pacientes, la plataforma de call center. Debido a esta priorización, muchos pacientes crónicos y oncológicos vieron postergados sus tratamientos, pero favorablemente ya se han ido retomando estas atenciones.

- ¿Cómo se ha sido el trabajo en las unidades de terapia intensiva en Paraguay y Encarnación?

A nivel país se han aumentado el número de camas, nos hemos preparado para lo peor, y la verdad es que eso no ha llegado y esperamos que no lo haga. El balance que hacemos es positivo y las UTI COVID-19 tienen disponibilidad. Sí muchas personas han sido atendidas en nuestros centros, pero un porcentaje menor requirió hospitalización. A la fecha solo una decena de pacientes necesitó terapia intensiva.

En Encarnación somos centro de referencia para COVID-19, pero no hemos tenido casos positivos en nuestra UTI. Sí muchos pacientes respiratorios de otras etiologías, neumonías bacterianas e incluso tuberculosis. Además, recibimos pacientes polivalentes. Hubo semanas de alto flujo, en las cuales contribuimos al manejo en sala de internados de nuestro centro respiratorio, donde sí se confirmaron cuatro casos que tuvieron buena evolución.

- Es una buena oportunidad para realzar el trabajo que realizan internistas e intensivistas…

Sin lugar a dudas nos toca asumir un rol preponderante. Para poner en contexto, en nuestro Departamento de Itapuá somos solo tres especialistas en terapia intensiva, por lo mismo, mi máxima valoración para todo el personal de blanco de la UTI. Tenemos la responsabilidad de extremar nuestras medidas de protección. Sabemos el riesgo que entraña el grado de exposición, ya que los pacientes críticos generalmente tienen cargas virales más altas.

Las maniobras de intubación, aspirado y reanimación cardiopulmonar suponen mayor riesgo. Fuimos adecuando nuestras estructuras y creímos importante contar con un asesor espiritual y apoyo psicológico.

- Mirando en perspectiva esta crisis global, ¿qué mensaje le gustaría transmitir a sus colegas y pacientes?

No nos sentimos héroes, tampoco vinimos a ser mártires. Luego de cada jornada nos esperan nuestras familias, pero no desconocemos los riesgos. Al principio sentimos miedo, pero fue disminuyendo a medida que conocimos más sobre la enfermedad. Nos dimos cuenta que, en lugar de preocuparnos, debíamos ocuparnos y capacitarnos.

Esta pandemia sacó lo mejor de nosotros, una experiencia así no puede pasar sin cambiarnos, sin transformarnos desde dentro, nos demostró que somos capaces de asumir liderazgos. Volvemos a darnos cuenta que trabajando unidos podemos conseguir muchas cosas.

Quiero hacer un reconocimiento a los compañeros del Hospital Respiratorio de Itapuá, al personal de blanco de cada área. Lo que se ha logrado es gracias al aporte de todos y los insto a no bajar la guardia, a no relajarnos. No sabemos cuánto tiempo más puede llevar esto.

Por Óscar Ferrari Gutiérrez

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