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04 Abril 2016

Dra. Syntia Ruíz Valiente:

“Elegí pediatría porque amo a los niños y quiero que crezcan sanos y felices”

Pediatra que acaba de culminar la residencia en el Hospital Pediátrico “Niños de Acosta Ñu” y nacida en Yby Yaú, Concepción, nos contó el camino recorrido y de su amor a la pediatría.

Egresada de la Universidad Federal de Goiás, Brasil, durante la residencia en el Pediátrico también tuvo oportunidad de realizar una pasantía en el Hospital Universitario de Brasilia, en nefrología y endocrinología.

Comentó que actualmente realiza la pasantía rural en el Hospital Regional de Pedro Juan Caballero -cercano a su ciudad natal- y que su sueño desde que inició en la profesión fue volver a su pueblo para servir a su gente.

Con una expresión inacabable de amor al hablar de su especialidad, destacó que para ella los niños son maestros por excelencia del cómo vivir y ser feliz y que en medio de su dolor siempre regalan una sonrisa y luchan por sus vidas con valentía, pero a la vez con ternura.

- Doctora, cuéntenos porqué eligió estudiar medicina y especializarse en pediatría…

Mi padre es médico y siempre me mostré muy interesada en todo lo que él hacía,  lo admiré mucho, pero lo simpático es que hasta el quinto curso de la secundaria decía que jamás haría medicina.

Pero quería embarcarme en una carrera en que llegara al mayor número de personas, y eran dos las que creía que hacían una diferencia significativa: la docencia y la medicina. Como no me veía enseñando a niños, decidí hacer medicina.

Una tarde en la clase de literatura vimos Patch Adams, el médico de la alegría, y allí dije “voy a ser médica”. Hasta ahora le digo a mi papá que lo admiro mucho como profesional y que al optar por esta carrera él fue mi principal modelo, aunque la decisión fue por influencia de esa película.

Elegí pediatría porque amo a los niños, no me gusta verlos sufrir, y quiero que crezcan sanos y felices.

- ¿Cómo fue la residencia en el Pediátrico “Niños de Acosta Ñu”?

Creo que la residencia es una de las más duras etapas de la formación como profesional, no dormís, no comes, estás siempre cansado, y muchas veces todo lo que haces no es suficiente, tanto para los padres como para los jefes.

Pasé muchos momentos difíciles, en el primer año sobre todo, no sé cuántas veces quise renunciar, es mucha la presión, no lo puedo negar. Si dijera que fue fácil, estaría mintiendo, pero en medio de la dificultad, nos ayudábamos entre compañeros, cuando me faltaba terminar una historia, alguien venía y me daba una mano, me tocó un excelente grupo, iniciamos 14 y terminamos 12.

Son personas que marcaron positivamente mi vida. Conocí a gente maravillosa, aprendí muchísimo, tanto en el ámbito profesional como humano. No me puedo quejar de mi hospital, el Pediátrico será eternamente mi hospital y mi casa, allí estuve rodeada de personas hermosas, que realmente se preocupó por mi formación.

Mis compañeros, la sonrisa de un niño, el agradecimiento de los padres, todo eso hace el camino un poquito más llevadero, hace que valga la pena todo lo que se pasa.

- ¿En qué se basó la evaluación 360° que nos comentaron atravesaron durante esos 3 años?

Nuestra evaluación no se reducía solo a pruebas escritas, además de ellas, veían nuestro desempeño diario, responsabilidad, el trato, todo era evaluado y además por todos: nuestros jefes de servicio, los compañeros, los residentes de años superiores e inferiores también, los enfermeros, el personal de limpieza, los padres.

En el Hospital Pediátrico la evaluación se hace a través de competencias, que incluyen los conocimientos científicos, pero también la calidad humana del profesional, es una forma de evaluación bastante completa. Para aprobar, no solo se mide cuánto sabes, sino tu calidad como persona.

- En ese tiempo adquirió mucho conocimiento científico de parte de los profesores doctores… ¿Pero de sus compañeros y compañeras que aprendió?

En la residencia tus compañeros y compañeras se vuelven tu familia y realmente pasas más tiempo con ellos que con los tuyos. Nos reímos, festejamos, nos peleamos, lloramos.

Juntos pasamos muchas cosas, momentos maravillosos, pero también muy difíciles, en ocasiones nos reuníamos para hacer psicoterapia en grupo, así lo llamábamos.

Nosotros decíamos que la residencia saca lo mejor y lo peor de cada uno, y por ende aprendes a aceptar las cosas buenas y también las malas. Con ellos aprendí a ser más tolerante, solidaria, paciente, crecí bastante.

- ¿Y de los pacientes?

Los niños son maestros por excelencia del cómo vivir y ser feliz. Ellos en medio de su dolor te regalan una sonrisa, luchan por sus vidas con valentía pero a la vez con ternura. Nosotros los adultos nos quejamos de todo y ellos están con una herida, pero una vez que les suturas, comienzan a correr.

Muchas veces son ellos los que consuelan a sus padres, siendo que son los pacientes, aunque suene hasta irónico. Su pureza, su sinceridad, su desprendimiento, el amor y agradecimiento incondicional demuestran que aún hay esperanzas, que vale la pena luchar por hacer del mundo un lugar mejor.

- Sabemos que eligió realizar su pasantía rural cerca de su ciudad natal…

Yo quería mucho hacer mi pasantía en mi ciudad natal, pero como no estaba entre los lugares designados, escogí hacerlo en Pedro Juan Caballero, que está a solo una hora de Yby Yaú.

Desde que termine la facultad, siempre quise volver allí, hacer algo por mis compueblanos, servir a los de mi ciudad, pues la medicina es servicio. Hasta el momento aún no puedo lograrlo, pero ahora por lo menos puedo venir más seguido.

- ¿Algún mensaje para los residentes que están formándose en las diferentes unidades del país?

Les decía a mis R inferiores, y ahora les digo a todos: si amas lo que haces, ningún obstáculo es lo suficientemente grande, todo se logra si haces con amor tu trabajo.

Pongan mucho amor en su día a día, nuestros pacientes son libros, maestros, tratémosle con respeto, no vean a las patologías, sino a las personas que están a su cuidado.

- Por último… ¿Qué significa para usted trabajar con niños y niñas?

Es lo mejor que me pudo pasar, muchos piensan que hacemos algo por los niños, pero te aseguro que son ellos los que hacen mucho por nosotros.

Trabajar con ellos es redescubrir el niño interno de cada uno, tener que traerlo de vuelta, porque ellos son muy sabios, saben de las cosas.

Su alegría contagia, ellos te hacen querer ser mejor persona. Sinceramente los pediatras tenemos ese privilegio.

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