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11 Noviembre 2019

Dr. Gonzalo Wilson Lazo:

“Debemos estar atentos a infecciones no habituales”

La creciente amenaza para la salud pública de la globalización y el cambio climático requiere adoptar medidas para prevenir y controlar eficazmente patologías causadas por bacterias, parásitos, virus y hongos.

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades infecciosas causan más de una cuarta parte de las defunciones, donde el VIH/SIDA, tuberculosis, diarreas, paludismo, sarampión y neumonías representan el 90%. 

La emergencia o reemergencia de varios eventos epidemiológicos –dentro de los que se encuentra el descubrimiento de nuevas patologías infecciosas, sus agentes etiológicos y su fisiopatogenia, así como de otras que tuvieron determinados niveles de control y ahora se muestran con incidencias cada vez más altas– se han convertido en una amenaza permanente para la seguridad sanitaria mundial.

Dentro de sus causas figuran el incremento en la movilidad poblacional, hacinamiento, inadecuado saneamiento básico, marginación social, modificación en la composición y comportamiento de algunos agentes infecciosos, resistencia a antimicrobianos y comorbilidad, que han permitido a los microorganismos perpetuarse al eludir las barreras que protegen al ser humano. 

Para el infectólogo Gonzalo Wilson Lazo, jefe de Unidad de Prevención de Infecciones Intrahospitalarias y subjefe del programa de VIH del Hospital Carlos van Buren de Valparaíso (Chile), “la propagación internacional de este tipo de patologías está directamente relacionada con el mundo globalizado y está presentando una serie de retos innovadores para garantizar acciones de prevención y control exitosas”.

- Doctor, ¿cuáles son las preocupaciones y desafíos de la infectología?

La infectología, como subespecialidad, está en permanente evolución. No tan solo desde el punto de vista de las innovaciones en tecnología diagnóstica y en la terapéutica, sino que también respecto a los desafíos a los que se ve enfrentada. Esto por múltiples factores, entre ellos, la resistencia antimicrobiana, las migraciones, brotes de enfermedades, así como por la globalización y la facilidad que se tiene para viajar. Eso ha llevado a que estemos viendo nuevas patologías y familiarizándonos nuevamente con otras que creíamos superadas. 

- En este contexto, ¿se han descrito nuevos agentes etiológicos? 

Nos hemos visto enfrentados a claros ejemplos. Uno de ellos, la aparición del virus de Zika, que ha irrumpido de gran forma en Brasil. Por otro lado, tenemos a la fiebre amarilla que, si bien estaba relegada a la selva brasilera, en los últimos dos años, ha resurgido en áreas previamente no descritas. Estos dos casos son muestras de cómo el cambio climático y la globalización han favorecido la manifestación de infecciones emergentes o reemergentes. Algo similar ha ocurrido por causa de las migraciones, que hacen correr el riesgo de que surjan infecciones que se favorecen por hacinamiento, si no son bien llevadas. Eso plantea a los equipos de salud estar alerta a infecciones no habituales en nuestras latitudes, como malaria o dengue, para un pronto y oportuno diagnóstico y tratamiento. 

- Con respecto a las enfermedades endémicas, como Zika, dengue, chikungunya y Chagas ¿se cuenta con nuevos métodos diagnósticos?

Tanto Zika, chikungunya y dengue son infecciones que ocasionan enfermedades autolimitadas, pero que los profesionales debemos estar atentos a potenciales complicaciones. 

- Existen otras patologías que tuvieron determinados niveles de control y ahora se muestran con incidencias cada vez más altas, como es el caso de la tuberculosis multidrogorresistente. ¿Cómo se está enfrentando esta problemática a nivel latinoamericano?

Para Latinoamérica es un desafío actual, pues con los movimientos migratorios, las grandes brechas en la cobertura y el –a veces– limitado acceso a los distintos sistemas de salud de la región, ha llevado a perdurar la situación. Pero, los diferentes países, han tomado sus propias medidas al respecto, bajo la recomendación de la OMS. En general, las tasas de incidencia han ido en aumento, luego de haber llegado casi a los niveles de erradicación en algunos lugares. Lo que ocurrió fue algo multifactorial, que se ha ido trabajando y remediando con los años, por medio de la mejora en el diagnóstico, con la terapia existente y, sobre todo, con seguimiento y estudios de los contactos del paciente afectado. 

- ¿Qué tan importante es que los países del continente trabajen de manera conjunta en temas prioritarios de infectología y salud pública para supervigilar las patologías infecciosas?

En Latinoamérica la Organización Panamericana de la Salud (OPS) junto a la Asociación Panamericana de Infectología (API), los ministerios y las organizaciones científicas de cada país han impulsado el desarrollo de grandes y constantes campañas para distintas infecciones endémicas y emergentes. La OPS es el ente que, muchas veces, nos entrega la alerta a nivel regional frente a distintos brotes.

- Con respecto a la fiebre amarilla, ¿se está cerca de lograr una protección global efectiva por medio de la vacunación?

La vacunación es la medida principal para prevenir la fiebre amarilla. Para eso es fundamental que en zonas de alto riesgo con baja cobertura vacunal los brotes se identifiquen y controlen rápidamente mediante la inmunización. El problema para lograrla globalmente para esta enfermedad radica en dos puntos. El primero, la vacuna misma, pues es en base a un virus atenuado que contiene una clara contraindicación en la población inmunodeprimida y adulta mayor, por el riesgo de provocar la enfermedad. Y, el segundo, es que existe a nivel mundial una “relativa” baja producción de ella, lo cual hace difícil su acceso universal.

- ¿Cómo se manejan las patologías infecciosas en la era de la multirresistencia antibiótica?

Esta es un área de gran desafío, que ya lo había advertido el doctor Fleming cuando recibió el Nobel de Medicina en 1945. Hay que recordar que las bacterias y hongos llevan cientos de miles de años en este planeta y seguirán estando presentes luego de que los humanos nos hayamos extinto. Esto se debe a su capacidad de adaptación y resistencia. Por eso, nuestros antimicrobianos son solo un pequeño obstáculo en su evolución. Nuestro arsenal terapéutico es cada vez más reducido, lo que nos obliga a ser cuidadosos en la administración de estas sustancias diariamente. Han surgido nuevas drogas, pero sabemos que será cosa de años para que surja la resistencia. Debemos recordar que, actualmente, sobre el 70% del consumo antibiótico en el planeta se produce por la industria alimentaria y veterinaria, lo cual ha llevado a poner una alerta sobre ellos y se está interviniendo en distintos niveles para reducir este uso.

- Por último, ¿de qué manera el cambio climático puede influir sobre la manifestación de infecciones oportunistas?

El aumento de la temperatura del planeta está provocando variaciones en el clima que, de manera natural, no se producirían. Esto está modificando los hábitats de múltiples vectores y agentes patógenos, con todo lo que eso implica. Sin duda, la propagación internacional de este tipo de patologías sigue constituyendo un problema de seguridad sanitaria, una preocupación de la que debemos hacernos cargo. 

Por Carolina Faraldo Portus

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