La paradoja entre la cafeína y la salud del sueño
El consumo elevado y tardío del estimulante se asocia con un sueño corto, menor a 6 horas, aunque su vínculo con los problemas para dormir comunicados al médico desaparece tras considerar comorbilidades y estilo de vida.
El sueño constituye un pilar biológico fundamental para la homeostasis y la salud sistémica. La duración de sueño menor a 6 horas se ha vinculado en la literatura con un mayor riesgo cardiovascular y deterioro funcional, motivo por el cual los autores la usaron como umbral de 'sueño corto' en este análisis. Se conoce que la cafeína es un potente antagonista de los receptores de adenosina A1 y A2A, promoviendo el estado de alerta; sin embargo, su consumo masivo a nivel poblacional y su impacto en la latencia y la fragmentación del sueño representan un importante problema de salud pública.
Este estudio, liderado por Patrick Viet-Quoc Nguyen y Qiaowei Lin (coprimeros autores) bajo la supervisión de Venkat Bhat, autor de correspondencia, tuvo como objetivo evaluar la asociación transversal de la dosis y la temporalidad de la exposición diaria a la cafeína con la duración del sueño y la presencia de problemas para dormir en la población adulta general.
Se diseñó un estudio epidemiológico observacional y transversal utilizando datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES) de los Estados Unidos (2005–2018). El análisis principal incluyó a 37.469 adultos (edad media: 46,4 años; 51,7% mujeres) que completaron entrevistas sobre la dieta y el Cuestionario de Trastornos del Sueño. La exposición a la cafeína se estimó a partir de un registro dietético de 24 horas y se categorizó en dosis de 0, 1–99, 100–399 y ≥400 mg/día, estimándose también el consumo dentro de las ventanas de 8 y 12 horas previas a la hora de dormir habitual. Para examinar las asociaciones, se consideraron factores como edad, sexo, raza/etnia, nivel educativo, tabaquismo, consumo de alcohol, índice de ingresos/pobreza y depresión.
El 27,2% (n= 9.297) de la muestra total reportó problemas de sueño a un profesional clínico. Tras el ajuste multivariable, dicha asociación no mostró significancia estadística para consumos bajos de 1–99 mg/día (ORa= 0,98; IC 95%: 0,86–1,13), moderados de 100–399 mg/día (ORa= 1,02; IC 95%: 0,90–1,15) ni elevados de ≥400 mg/día (ORa= 1,02; IC 95%: 0,86–1,20). Por el contrario, en el análisis de duración corta del sueño (<6 horas) (n= 35.291), el consumo elevado de cafeína (≥400 mg/día) se asoció independientemente con una mayor probabilidad de experimentar sueño corto (ORa= 1,47; IC 95%: 1,18–1,82). Cronobiológicamente, el consumo en la ventana crítica de las 8 horas previas a la hora de dormir incrementó significativamente la probabilidad de sueño corto en las dosis de 101–200 mg (ORa= 1,40; IC 95%: 1,10–1,70) y de 201–400 mg (ORa= 1,60; IC 95%: 1,20–2,20).
En conclusión, la ingesta elevada de cafeína (≥400 mg/día) y su consumo cercano al descanso —en el umbral de las 8 horas previas— se asocian de forma independiente con un sueño de corta duración (<6 horas), pero no se vinculan significativamente con haber comunicado problemas para dormir a un profesional de salud, un desenlace distinto de un diagnóstico formal de insomnio, que este estudio no evaluó directamente. Clínicamente, estos resultados justifican que los profesionales de la salud brinden pautas de higiene del sueño pragmáticas enfocadas en limitar las dosis altas y evitar el consumo tardío de estimulantes para reducir el riesgo de sueño corto, condición que en estudios previos se ha asociado con mayor riesgo cardiovascular, aunque este estudio, de diseño transversal, no permite establecer causalidad.
Fuente bibliográfica
Evaluating the association between caffeine exposure and sleep duration and trouble sleeping in adults
Viet-Quoc Nguyen P, et al.
SLEEP Advances, 2026, 7, zpag064