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Es indispensable entonces que la participación ciudadana cree espacios e instancias de decisión
para la discusión de un financiamiento apropiado y suficiente para el desarrollo e instauración no solo
de la compleja malla o matriz de los organismos que formarán parte de este nuevo ministerio, sino
para lograr el adecuado fomento e implementación de políticas públicas que permitan el desarrollo
de la ciencia, tecnología e innovación tan necesarios para un real desarrollo de una sociedad del
conocimiento en nuestro país.
La sombría perspectiva planteada por esta falta de aporte fiscal para mejorar el financiamiento
de las iniciativas que esta ley pretende promover se ha visto iluminada por el interés del actual
ministro de hacienda, D. Felipe Larraín por la ciencia y tecnología que se ha expresado en la
reciente publicación de un texto en conjunto con el profesor de la Pontificia Universidad Católica
de Chile José Miguel Aguilera y ex presidente de CONICYT, titulado: “Laboratorios Naturales
para Chile. Ciencia e Innovación con ventaja”. En la introducción de este libro el profesor Jeffrey
Sachs economista de la Universidad de Harvard plantea que a menudo los países se descuidan en
movilizar la Ciencia y la Tecnología para resolver los desafíos críticos de la sociedad y estimular el
crecimiento económico a largo plazo. En muchos países en desarrollo la inversión en investigación
y desarrollo es insuficiente para abordar problemas críticos de salud, gestión ambiental, protección
a la biodiversidad, desastres naturales entre otros que imponen enormes barreras al desarrollo
económico. Este libro propone utilizar las ventajas comparativas de Chile como un “laboratorio na-
tural” para abordar problemas clave a nivel planetario atrayendo investigación multidisciplinaria
de todo el mundo. El desarrollo de la astronomía en el Norte Grande, las exploraciones antárticas
y la resiliencia frente a desastres de origen natural son algunos de los ejemplos abordados en este
libro por expertos nacionales en estos temas. Si bien el libro se centra en los eventuales aportes de
estos “laboratorios naturales” es esperable que el abordaje de los problemas económicos a través
de un mayor desarrollo de la ciencia y la tecnología se extienda también a otras importantes áreas
generadoras de conocimiento.
La profesora de la Universidad de Chile Dra. Cecilia Hidalgo, premio nacional de Ciencias Natu-
rales 2006 ha considerado como “notable e inédito que en este libro el ministro Larraín se refiera a la
ciencia y a la tecnología en Chile como actores relevantes para promover la diversificación de la matriz
productiva y exportadora del país y es destacable que coincida con la generación del conocimiento en
el centro de nuestro modelo de desarrollo”.
Esta visión del ministro Larraín proyecta una luz de esperanza en que el decreto gubernamental que
creará el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación podrá corregir algunas de las
deficiencias que se han detectado en el proyecto de ley recientemente aprobado.
Un aspecto que ha inquietado a los organismos universitarios, científicos e inventores interesados
en el patentamiento de sus iniciativas ha sido uno que se refiere a la propiedad industrial y que esta-
blece que si el investigador o la institución que recibió financiamiento estatal logra comercializar en
cualquier forma su derecho de propiedad industrial, deberá restituir el 100% de los fondos recibidos
y una suma adicional equivalente al 5% de los ingresos obtenidos de la comercialización del derecho
de propiedad industrial. Se considera que esta obligación constituiría una restricción para el paten-
tamiento y la transferencia tecnológica y que transformaría al Estado en un inversionista que exige
una retribución, más que en un incentivador de políticas de innovación que es el espíritu de la ley de
creación de este ministerio. En este sentido sería importante establecer una normativa complementaria
que motive efectivamente el patentamiento y la transferencia tecnológica.
Otro tema que debe tenerse presente en el accionar del ministerio de CTC&I es cómo se incentivarán
las actividades inherentes en las regiones. Inicialmente se contemplan cinco Secretarias Regionales
Ministeriales (SEREMIs) en macrozonas que al cabo de diez años darán origen a una SEREMI en cada
una de las 16 regiones que tiene nuestro país. Los escasos investigadores que existen actualmente en
las regiones se sienten actualmente discriminados por la excesiva centralización de las actividades de
ciencia, tecnología e innovación en la Región Metropolitana que habitualmente se adjudica la mayor
parte del ya escuálido presupuesto nacional para estos fines.
Rev Chil Enferm Respir 2018; 34: 86-88
editorial